RÉPLICA AL DOCUMENTO DE LOS CIENTÍFICOS
El pasado 31 de enero el grupo Ciencia y Técnica Argentina publicó un documento apoyando la exploración y explotación hidrocarburífera offshore frente a la costa atlántica bonaerense a la altura del Mar del Plata. El documento completo puede leerse en https://www.agenciapacourondo.com.ar/debates/destacados-cientificos-se-expresaron-favor-de-la-exploracion-offshore-de-petroleo-y-gas
Las razones que expone el documento giran en torno a la insuficiencia energética y los costos de producción, transporte y distribución de gas y petróleo. Estos factores, sostienen sus autores (Adrián Paenza & Co.), son los limitantes más importantes para el desarrollo social y productivo del país. También son importantes —podríamos decir incluso más importantes— la disponibilidad de agua dulce limpia, la calidad de los suelos y del aire, la salud de los territorios y las personas que los habitan, la salud de los ecosistemas marinos, etc. Pero bueno, eso no lo dice el documento.
El documento menciona la existencia de un «ambientalismo extremo sin contexto socioeconómico». Sin mencionarlos, la denuncia claramente apunta a las decenas de miles de personas que se movilizaron en todo el país contra la actividad hidrocarburífera offshore frente a la costa atlántica bonaerense.[1] Como me cuento entre ellas pensé en escribir una réplica.
Puesto a ello, prendí la compu, abrí el documento a replicar —cuyo título reza «La explotación petrolera y sus riesgos. Energía, desarrollo y pobreza» —, creé un nuevo documento de Word —«Réplica al documento de los científicos» —, y empecé a escribir las ideas que, a medida que releía el documento, me iban viniendo a la cabeza.
Para arrancar, al principio del documento hay una frase medio
descolgada que hace una defensa del aporte de la tecnología al cuidado del
ambiente (sin explicar cuál sería concretamente ese aporte): «en la
realidad del cambio climático y la pérdida de biodiversidad que amenazan al
mundo, y la imperiosa necesidad de encararlos como problema planetario, el
avance tecnológico es un instrumento decisivo cuyos resultados son clave para
el cuidado del ambiente y la producción de bienes.» A propósito de esto escribí: «Ojo, depende de qué avance tecnológico estemos
hablando.» Porque el
avance tecnológico en general ha traído de todo, en mi opinión más problemas que
soluciones, y una parte importante de la responsabilidad de haber hundido al
planeta en la catástrofe en la que se encuentra corresponde al avance tecnológico. Pero
bueno, es mi opinión.
Luego de esa parte introductoria, el documento aborda de lleno los cuestionamientos del «ambientalismo extremo sin contexto económico». Yendo al punto del impacto sobre el hábitat marino, dice lo siguiente:
«…cabe señalar que
entre 2010 y 2020 se ha realizado exploración sísmica en más de 300 mil
kilómetros cuadrados, sin que se hayan registrado daños en la fauna marina,
como se refleja en el continuo aumento de la población de la ballena franca
austral documentado año tras año por los científicos y científicas del CONICET.
Estas ballenas no crían ni se reproducen en las áreas previstas de prospección,
áreas que solamente son empleadas como zonas de tránsito6. El
mayor efecto sobre ellas será eventualmente un cambio momentáneo en la
trayectoria de desplazamiento de algunos ejemplares.»
Al respecto escribí: «¿De dónde sacan esto?», porque la referencia que se indica en la nota —el superíndice 6 después de la palabra “tránsito” — remite a un estudio que demuestra que las poblaciones de ballenas están aumentando en número de individuos, pero no que las ballenas utilizan solo ese lugar para transitar, y mucho menos que esas perturbaciones son inocuas o momentáneas. (Puesto a opinar, uno podría decir que esas perturbaciones podrían causar una mortandad en masa de ballenas desorientadas, que es precisamente lo que opinan muchos científicos y científicas).
Más abajo los autores del documento sostienen que los
especialistas en el estudio de las corrientes consideran que es altamente
improbable que un derrame de petróleo alcance las playas bonaerense simplemente
porque la corriente se dirige hacia el norte en forma paralela a la costa. Supuse
que Paenza & Co. estaban refutando una publicación de Greenpeace que presentaba
una simulación de un derrame de dos horas[2]
aplicando una APP llamada GNOME que utiliza la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration del Departamento de
Comercio de los EEUU).[3]
Del total derramado en la simulación de Greenpeace, solo un 0,2 % acababa en
las costas de Buenos Aires (llegaba al cabo de 11 días) y un 3,9% en las cosas
del Uruguay (luego de 20 días). Ciertamente, el de Greenpeace no era un estudio
exhaustivo —seguramente no pretendía serlo—, pero me pareció que el tema requería una refutación un poco
más científica que invocar a unos anónimos «especialistas en el estudio de
mareas».
No sé: la respuesta de los autores del documento me pareció endeble y hasta
contrastante con el proceder de los «ambientalistas extremos sin contexto económico» de Greenpeace,
quienes al menos se habían tomado el laburo de citar la metodología empleada.[4]
Anoté lo siguiente: «Bastante pobre la refutación.»
Del documento: «Exportar
gas natural, por añadidura, también contribuiría a disminuir la utilización de
carbón en otros países: Alemania, que genera en la actualidad el 24% de su
energía eléctrica en base a carbón y dejó de lado la energía nuclear, aumentó
notoriamente la emisión de dióxido de carbono» —Traduzco:
eso te pasa Alemania por abandonar la
energía nuclear: pero tranqui, ahora desde Argentina te vamos a ayudar a
corregir esa metida de pata con nuestro gas natural—. Puse abajo: «Raro
este arranque de solidaridad internacional en boca de quienes unas líneas antes se quejan de que
la Argentina es acreedora ambiental de los países depredadores» (así se los llama en el documento).[5] Y seguí: «En el
caso de los hidrocarburos, al menos los no convencionales, la exportación es
una condición para la sostenibilidad del negocio. Las empresas no exportan para
contribuir a la transición de nadie; exportan porque de otro modo el negocio no
les cierra (amén de contar con los subsidios estatales, la libre disponibilidad
de divisas, las flexibilizaciones ambientales y laborales, etc., etc.).»[6]
En la parte de las
conclusiones, donde ponen:
«… un propósito
necesario es continuar aumentando la contribución de energías renovables
(eólica y solar, hidroeléctrica y bioenergía), tal como lo señalan diversas
organizaciones ambientalistas»
puse, con mayúsculas: «FALSO: LAS ORGANIZACIONES AMBIENTALISTAS LO QUE SEÑALAN
ES LA NECESIDAD DE REDUCIR LA EXTRACCIÓN DE HIDROCARBUROS HASTA ABANDONARLOS COMPLETAMENTE.» (Por supuesto, ese progresivo abandono debería ser
acompañado de un despliegue en renovables.)
En este punto me acordé de
que en el documento efectivamente se hablaba de reducciones. Arriba, en donde
se dice que la extracción de gas offshore
(se habla del gas natural en general, pero el contexto es la discusión de la
explotación offshore) emite menos que
los combustibles líquidos y el carbón:
«Otro cuestionamiento
se relaciona con la transición energética. Se sostiene que la Argentina
intensificará el uso de combustibles fósiles e incumplirá sus compromisos de
reducción de emisiones, pero al argumento puede ser rebatido porque el gas
natural contamina menos que los combustibles líquidos y mucho menos que el
carbón»
y más arriba, cuando se dice
que Argentina se comprometió a reducir las emisiones:
«Nuestro país ha
asumido ese compromiso tanto internamente como en foros internacionales,
ratificando la meta largamente perseguida de reducir la emisión de gases de
efecto invernadero, tal como se formula en el Acuerdo de París.»
Sobre esto último me agarró
una duda, ¿realmente existía tal compromiso? Para quitármela busqué en
Internet dos documentos oficiales que, para mí, eran clave para comprender el real
alcance del compromiso argentino: 1) la Segunda Contribución Determinada a
Nivel Nacional (NDC por sus siglas en inglés) de 2020 (con metas al 2030),[7][8] y 2) los Lineamientos para
un Plan de Transición Energética al 2030, de la Secretaría de Energía de la
Nación (aprobados por Resolución 1036/2021).[9]
Empecé por la segunda NDC. Se
hablaba allí de un fomento de la eficiencia y de energías renovables, pero mencionando
al gas como combustible de transición. Había referencias a centrales nucleares,
a hidroeléctricas y al hidrógeno. Se destacaba la importancia de la mitigación
y la adaptación. Se mencionaba la protección
a los ecosistemas, las nuevas tecnologías, la gestión de los residuos ¡y hasta
de la economía circular![10] O sea, se hablaba de todo
excepto de lo fundamental: el abandono de los combustibles fósiles (a partir de
cuándo vamos a empezar a hacerlo, cómo vamos a hacerlo, ese tipo de cosas). Lo
más importante de las NDC, lo realmente importante cuando se quita todo el
bla-bla-bla, lo único concreto, es el compromiso de reducción de emisiones. Encontré
ese número fundamental en la página 29. Como meta a 2030 Argentina prometía
no excederse de los 359 millones de toneladas de CO2 equivalente.[11]
Los Lineamientos de la Secretaría de Energía que comentaré en un ratito destacaban
que eso equivalía a una disminución total del 19% de las emisiones considerando
el máximo de emisiones del 2007[12]…
pero era apenas un 1,4% inferior a las emisiones netas registradas en 2016, como
se reconocía en la mismísima NDC.[13]
(Una actualización mala de este último dato: en 2020 emitimos 376 millones de toneladas de CO2 equivalente, 10 millones más que en 2018. Según Juan Carlos Villalonga, la causa obedece al aumento de la deforestación. X)
El segundo documento que consulté, los Lineamientos, incorporado como
Anexo a la Res. 1036/2021 de la Secretaría de Energía, me interesaba especialmente
porque se trataba de la Tarea para el Hogar que el ministro Juan Cabandié le
había dado al secretario Darío Martínez como condición para aprobar el estudio
de impacto ambiental presentado por Equinor para las áreas CAN 100, CAN 108 y CAN 114 (la mencionada resolución tiene fecha 29 de octubre
de 2021).[14]
El documento hablaba de descarbonizar, pero entendiendo por
descarbonizar un incremento de la producción y distribución de energía limpia
en emisiones de gases de efecto invernadero (metiendo acá a la nuclear), la
promoción de la eficiencia energética y un afianzamiento de los mecanismos de
adaptación al cambio climático.[15]
Otro bajón: en ningún lugar se hablaba de abandonar nada.
Todo bien con la eficiencia energética. Un aumento de la
eficiencia es siempre bienvenido, aunque debe quedar claro que una mayor
eficiencia no conduce necesariamente a una disminución del consumo energético
(y por lo tanto de la extracción de combustibles fósiles). Por ejemplo, en el sector
residencial, una mayor eficiencia energética se traduce en menor consumo solo
si el usuario decide no aumentarlo (hablo del llamado efecto rebote: antes
gastaba $1000 en energía; ahora soy más eficiente pero sigo gastando $1000, es
decir que estoy consumiendo más que antes). El aumento de la eficiencia
energética en el ámbito residencial favorece sobre todo a las empresas
hidrocarburíferas (siempre y cuando no haya efecto rebote), porque provoca un
incremento del saldo exportable, que es donde suele estar el negocio. Tampoco
habría aquí una disminución de la extracción ni del consumo (lo que se ahorra
aquí se consume en otro lado).
Ok. En los Lineamientos no había previsto un abandono de los
hidrocarburos ni una disminución de la extracción, pero ¿qué sucedía con las
emisiones? ¿Había onda para bajarlas? Los Lineamientos proyectaban dos
escenarios de oferta energética para el 2030: uno con 20% en renovables (REN
20) y otro con 30% (REN 30). El primero preveía un aumento del requerimiento de
petróleo y gas, el segundo solo de gas.[16]
En ambos escenarios energéticos planteados por la Secretaría de Energía, había
una disminución de las emisiones únicamente en el ámbito de la generación de
energía eléctrica (53 y 64% respectivamente), pero en términos totales las
emisiones del sector energético aumentaban en ambos escenarios (un 4,2% en el
REN 20 y un 0,4% en el REN 30).[17]
Todo mal. El mensaje que emitía la Secretaría de Energía era el siguiente: muchaches:
si quieren reducir las emisiones, busquen por otro lado.
Más allá de eso, era cantado que estábamos lejos de las
metas de renovables, como los mismos Paenza et
al. reconocen: «Si bien estas fuentes
de energía han avanzado en los últimos años hasta llegar en 2021 al 13 % del
total, aún estamos lejos del 20% comprometido para el 2025.» (Los científicos se refieren a las metas previstas en
el Art.5 de la Ley N° 27.191 de Régimen de Fomento Nacional para el uso
de Fuentes Renovables de Energía destinada a la Producción de Energía Eléctrica.[18]
Dicho sea de paso, en la segunda CND, p.33, hay un objetivo parcial, no
formalmente incorporado a la NDC, de no exceder los 372 MtCO2 e para
2025. Dicho sea de paso II: ¿no habría sido más lógico contar con los
Lineamientos de la Secretaría de Energía antes de establecer la segunda CND?)
Para hacerla corta, no vi un compromiso serio del gobierno
de reducir significativamente las emisiones; sí en todo caso de bajar un cambio,
al menos hasta 2030. Tampoco encontré un compromiso de abandonar los
hidrocarburos. Era suficiente. Cerré esos dos documentos y volví a lo que
estaba haciendo: replicando a los científicos.
El combustible de la transición. Así es como han decidido
venderlo al gas natural. Claro, no suena bien decir que el gas natural produce
menos emisiones que el carbón y el petróleo.[19]
Queda horrible decir que el gas natural es el tercer combustible más
contaminante después del carbón y el petróleo (aunque hasta ahí nomás, por las
emisiones fugitivas de metano). Pero el combustible de la transición suena bien.
Da ganas de salir corriendo a prender la hornalla.
De hecho, y como argumento a favor de las virtudes del gas
natural, los autores del documento destacan allí que la Comisión Europea
estaba proponiendo al Parlamento que se considere positivas las inversiones al
gas natural y a la energía nuclear. Esto último es cierto, lamentablemente. Llegamos
a esta situación no solo por el funesto accionar de los lobbies de esos sectores energéticos, sino por la propia
incapacidad de los sucesivos gobiernos (de los europeos y del resto del mundo)
de iniciar la transición hace cincuenta años cuando aún había tiempo. (Y lo
grito acá: SI LA TRANSICIÓN NO SE INICIÓ EN AQUEL MOMENTO NO FUE POR CULPA DEL
AMBIENTALISMO EXTREMO SIN CONTEXTO SOCIOECONÓMICO.) Ahora ya es tarde. No llegamos
bien.
Anoté por ahí: «Hay que abandonar todo: el carbón, el petróleo y el
gas. El gas no es el combustible de la transición; en todo caso, es el
combustible fósil que deberíamos abandonar en último lugar.»
Así planteado, reflexioné, queda más claro que no tiene sentido aumentar su
extracción o explotarlo masivamente.
Chupé un mate y seguí leyendo y replicando. En el segundo
párrafo de las conclusiones, donde los autores desarrollan el gastado argumento
de que deberíamos seguir extrayendo petróleo y gas porque el país y el mundo
van a seguir quemando petróleo y gas durante décadas («nadie
ignora que la indispensable transición energética requerirá varias décadas en
las cuales el gas y el petróleo seguirán siendo importantes»), apunté: «abandonar
en manos del mercado el timing de la extracción (y en definitiva de la
transición) me suena a un no-plan: extraer hidrocarburos hasta que dejen de ser
importantes (o sea hasta que nadie los consuma).» Siguiendo ese argumento, la
Secretaría de Energía nos recuerda en sus Lineamientos que las transiciones
energéticas son largas[20]
(como avisando: no nos vengan ahora a apurar con esta): al carbón le costó
imponerse 80 años y al petróleo 55. Lo que no parece registrar la Secretaría de
Energía es que esta de ahora es urgente. Las otras no lo eran y en definitiva siguieron los
tiempos del mercado.
Confieso que me molestó la agitación del tema de la pobreza en
defensa de una actividad que, según mi opinión, solo podía llevar a una
profundización de la pobreza y la desigualdad. El término pobreza figura en el
mismo título del documento y se repite varias veces a lo largo del mismo, sobre
todo al final, en el florido penúltimo párrafo: «Es momento entonces de que la sociedad argentina
sortee la falsa antinomia entre desarrollo y ambiente, y destine sus esfuerzos
y respaldos a una explotación soberana y ambientalmente responsable de nuestros
recursos naturales. Cada esfuerzo en esta dirección tendrá como deseable
resultado que muchos saldrán de la pobreza y de las injusticias económicas,
culturales y educativas y llegarán a sentir que el país es también de ellos y
que el despojo en el que sobreviven es imperdonable.» Faaaa.
Al leer esto recordé que en otro lugar del documento se
hablaba de utilizar la renta petrolera para costear la transición energética (que
es como decir voy a seguir yendo a probar suerte al Casino porque debo pagar mi
tratamiento contra la ludopatía). Esto decía el documento concretamente: «Los
recursos generados por la explotación de nuevos reservorios offshore deben ayudar a financiar esta
transición en la cual nuestro país se encuentra comprometido.» Sobre eso anoté lo siguiente, apelando al viejo
recurso de la chicana: «¿Che, no
era que los dólares del gas eran para salir de la pobreza?» y abajo seguí: «Ni
lo uno ni lo otro: seguro irán al pago de la deuda externa.» Lo hice recordando la expresión del ministro Juan Cabandié:
«conseguir dólares para el vencimiento de deuda 17.000
millones de dólares del año que viene no se puede hacer sin contaminar.» No sé. Me pareció que aquello tenía que ver con esto
otro.
Más adelante se insiste en el
argumento: «Los recursos generados
por la explotación de nuevos reservorios offshore
deben ayudar a financiar esta transición en la cual nuestro país se encuentra
comprometido.» Con relación a
esto puse: «Che, ¿hay un
Plan B para financiar la transición? Digo, porque con el offshore de aguas profundas estamos recién en etapa de exploración
(como nos recuerdan todo el tiempo los abogados del proyecto), por lo que
finalmente podría no haber nada para extraer. ¿El Plan B es esperar sentados el
aporte internacional? ¿O este es el Plan A y el offshore el Plan B?»
También hay una mención a YPF,
en la parte que dicen que nos debemos quedar tranquilos porque YPF es parte del
proyecto y estará a cargo de la perforación del primer pozo exploratorio. Acá no
me pude contener y me despaché con otra chicana: «VAYAN
A CONTÁRSELO A LOS DE ALLEN.»
De pronto me di cuenta de que
no tenía sentido enroscarse en una discusión en la que casi todo estaba
dicho, menos enroscarse para terminar cayendo en chicanas (las dos que había apuntado
y las otras que tenía en la cabeza).
No hay caso. Nunca nos pondremos
de acuerdo con los científicos de CyT y con el sector que representan, al menos
en esto. Porque en esto evidentemente partimos de diagnósticos distintos. A
ambos nos interesa por igual la suerte del planeta y la continuidad de la
especie humana. Ambos tenemos la misma preocupación por el cuidado del ambiente
y las problemáticas socioeconómicas y condenamos por igual la dependencia y el
neocolonialismo. ¿En que disentimos entonces? ¿Cuál es ese aspecto del
diagnóstico sobre el que no estamos de acuerdo y que bloquea toda posibilidad
de consenso?
No digo que sea el único, ni
siquiera el más importante, pero sí que es un aspecto clave para entender
el disenso: me refiero a la urgencia, al tiempo que tenemos (o mejor dicho, que
no tenemos), al margen de maniobra.
A ellos no los veo muy urgidos, no parecen muy apurados. En
el fondo, dan esa impresión, piensan que el tiempo alcanza. Alcanza para esperar
que llueva la cooperación internacional que nos posibilite realizar una
transición justa; alcanza para vender gas natural al mundo hasta que se acabe
(el gas, no el mundo) y más tarde, con esos dólares, financiar la transición energética
hacia las renovables; alcanza para acabar con el hambre primero y hacer la
transición energética después. De otra manera, no puedo entender cómo pueden pensar
de buena fe que se puede seguir haciendo lo que se viene haciendo y más.
En un contexto menos dramático, las discusiones más de fondo
sobre los modelos de desarrollo, sobre qué es calidad de vida, sobre qué hace
felices a las personas, se darían en otros términos. Pero el contexto es muy dramático.
Si les ambientalistas extremos cargamos las tintas en la protección del ambiente,
si llamamos a cambiar todo ya, si queremos forzar ya un volantazo, más que
volantazo, un cambio de rumbo de 180°, es porque estamos convencides de que por
este camino vamos derecho al desastre y que el desastre está a la vuelta
de la esquina.
El planeta no da para más y los recursos no renovables no se
van a renovar mágicamente con un aumento de la demanda como sueñan algunos
economistas. Ni siquiera está garantizada la energía y los materiales que
necesitaremos para hacer la transición. Porque la transición debió haberse
empezado hace cincuenta años, y si no se empezó en ese momento no fue por culpa
del ambientalismo extremo, perdón por la insistencia. Hoy ya debemos pensar
en un plan B, un plan que sea lo menos doloroso posible. Un plan que garantice, en primerísimo
término, la provisión de agua potable y la producción y la distribución de
alimentos sanos para toda la población, pensando en un escenario de disminución dramática de la
actividad económica, asociada a una escasez de recursos y materiales. Ese es,
en todo caso, el contexto socioeconómico de nosotres: les ambientalistas extremes.
[1] Textualmente:
«…dejando de lado posiciones extremas entre un
ambientalismo sin contexto socioeconómico y un desarrollismo indiferente al
cuidado del ambiente…»
Y sigue. Como los autores del documento pretenden ocupar una posición
intermedia (sensata) entre esos dos extremos, descuento que a nosotres nos
ponen en un extremo (supongo que del izquierdo).
[2] El
derrame de crudo de la plataforma Deepwater Horizon de la British Petroleum en
el Golfo de México de 2010 duró 87 días. https://www.dw.com/es/el-precio-que-m%C3%A9xico-sigue-pagando-por-el-derrame-de-deepwater-horizon/a-53193122#:~:text=El%20mundo%20vivi%C3%B3%20con%20horror,lo%20largo%20de%2087%20d%C3%ADas.
[3] https://www.greenpeace.org/argentina/blog/issues/oceanos/las-costas-de-mar-del-plata-llenas-de-petroleo-asi-seria-un-potencial-derrame-si-avanzan-proyectos-petroleros-en-el-mar-argentino/
[4] Algunos datos técnicos de la
simulación realizada por Greenpeace. El modelo no
contempla la dispersión de compuestos volátiles o evaporables del hidrocarburo
derramado que al final del modelo representan 65,2% del volumen total. Se
representa exclusivamente la dispersión de lo que flota en superficie. Los
datos de corrientes marinas corresponden al periodo pautado para la simulación
y tanto la corriente de Malvinas como la de Brasil afectan el desplazamiento
superficial de los fluidos. (1) Datos de corrientes provistos por Hycom
(https://www.hycom.org/). Los vientos
son del cuadrante sudeste fuerza 6 (hasta 50 km/h) rotando primero al Este y
luego al sud-sudoeste y decreciendo a fuerza 4 (hasta 30 km/h). Fenómeno
meteorológico recurrente en la región conocida como Sudestada seguido de
Pampero. La posición inicial del evento es Latitud: 39°42´ Sur y Longitud:
55°26´Oeste, punto que se encuentra incluido en el polígono de la concesión de
exploración CAN 100 de la cuenca Argentina Norte operado por la empresa
Equinor. Entre otros parámetros propuestos podemos encontrar: Temperatura de
agua de mar en superficie: 15 ° C. Salinidad: 32 psu. Carga de sedimentos: 5
mg/l.
[5] En la
Resolución 1036/2021 de la Secretaría de Energía hay en la pg. 24 una frase
parecida: «Asimismo, con el objeto de asegurar
la asequibilidad y seguridad energética, se presenta un nuevo marco normativo
de inversiones en el sector hidrocarburífero que permita amortiguar las
posibles fluctuaciones en nuestro país y permita ayudar a las transiciones
de otros países a través de la exportación» (el
subrayado es mío). También en la p. 36 de la misma Resolución encontramos «De
esta manera, Argentina contribuirá también a los procesos de transición de la
región y del mundo, mediante exportaciones de gas natural, o su variante GNL,
colaborando en la descarbonización global.» Por último, en la pg. 37 se lee: «A
través del desarrollo de sus cuencas hidrocarburíferas, costa adentro y costa
afuera, Argentina buscará transformarse en un proveedor de gas natural a escala
regional y global, colaborando con la viabilidad de las transiciones
energéticas de otros países.» Extraña manera de ver las cosas:
Argentina puede contribuir positivamente pero no negativamente (Argentina emite
poco; hay otros países que emiten más; Argentina no mueve la aguja de las
emisiones: expresiones usadas habitualmente para justificar por qué Argentina
no debería apurarse en hacer su transición. https://rionegrosinmargen.blogspot.com/2022/01/minuto-44-del-segundo-tiempo.html)
[6] https://www.energiaynegocios.com.ar/2021/12/el-nuevo-concepto-de-seguridad-energetica-para-argentina-una-politica-publica-capaz-de-trascender-las-coyunturas-politicas/
[7]
Estos compromisos surgieron del Acuerdo de París de 2015 y deben ser presentados
por los países firmantes del acuerdo cada cinco años.
[8] https://www4.unfccc.int/sites/ndcstaging/PublishedDocuments/Argentina%20Second/Argentina_Segunda%20Contribuci%C3%B3n%20Nacional.pdf
[10]
Lineamientos, pp.7, 37
[11] Los
gases que no son CO2 (por ejemplo metano, CH4) son
convertidos a CO2e mediante una fórmula que toma en cuenta su masa y
su potencial de calentamiento global.
[15]
Lineamientos, p.1.
[16]
Lineamientos, p.39.
[17]
Lineamientos, p.56, gráfico N°17, tabla N°6.
[19] Nobleza
obliga: los autores del documento, en otra parte del mismo que cité más arriba,
reconocían que el gas «contamina menos que
los combustibles líquidos y mucho menos que el carbón.»
[20]
Lineamientos, p.13.
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