LA CULPA NO ES DEL Sus scrofa
Plantas y animales sacados del lugar en el que viven
naturalmente, descontrolados poblacionalmente en su nuevo hábitat por una serie de razones, que en su descontrol poblacional rompen el equilibrio ecosistémico
local, afectando de distintas maneras a poblaciones de otras especies.
Llamémoslas como queramos, pero convengamos que llamarlas «especies invasoras» se presta a una equivocación. Porque no son esas plantas y animales —mucho menos sus especies de pertenencia— los que deciden marcharse de un lugar e invadir otro. Voluntaria o involuntariamente, somos nosotres, les Homo sapiens —especie invasora si la hay—, quienes sacamos a
esas plantas y animales del lugar que habitan y los llevamos a otro, donde circunstancialmente
se establecen y descontrolan poblacionalmente.
La introducción de plantas y animales que luego se expanden descontroladamente
(las referidas «especies invasoras») es la segunda causa de pérdida
de biodiversidad a nivel mundial, luego de la alteración o destrucción del hábitat
(la contaminación es la cuarta y el cambio climático la quinta).[1]
Sin duda es un problema del que debemos preocuparnos.
A diferencia de otros problemas ambientales, como la contaminación superficial, que —al menos en los papeles— puede repararse o remediarse, las «especies invasoras», una vez consumada su «invasión», son muy difíciles de erradicar. «Cuando una especie es introducida y se establece de manera exitosa, las chances de erradicarla son casi nulas», sostienen les autores de un imprescindible libro sobre especies exóticas marino-costeras de Argentina (en el que figuran varias de las especies mencionadas a lo largo de este posteo). En el mejor de los casos, coincide la mayoría de les especialistas, esas poblaciones descontroladas pueden (re)controlarse, por supuesto dependiendo del caso. Por eso es tan importante procurar que las plantas y animales nativos del lugar A no vayan al lugar B y viceversa, y que si van no se instalen, y que si se instalan no proliferen, porque si proliferan, bueno, estamos sonados.
Pasto para cazadores
El de las «invasiones
biológicas» (título con el que
se conoce este importante capítulo de la biología de la conservación) es un
asunto que no ocupa un lugar central en la agenda socioambiental, al menos en Argentina.
Se me ocurren dos razones que explican este hecho. En primer lugar, es un asunto en el
que no siempre (ojo: no estoy diciendo nunca ni pocas veces) están detrás los «malos
de siempre»: el gobierno, las
corporaciones, el Norte Global, las clases dominantes. En segundo lugar, vinculado
con lo anterior, es un asunto en el que la responsabilidad individual, algo
sobre lo que el movimiento socioambiental no suele hacer foco, tiene un peso específico relativamente elevado,
a diferencia de otros temas de la agenda socioambiental en los que la
responsabilidad individual está virtualmente ausente (la megaminería, los agronegocios,
el fracking) o es difusa (el cambio
climático): pensemos en el rol fundamental que han tenido en la introducción y —sobre todo— la propagación de especies
exóticas les pescadores individuales que utilizan carnada viva, les kayakistas
individuales que trasladan (involuntariamente y sin saberlo) especies exóticas
de un lago o río a otro, las personas individuales que adquieren ilegalmente una
mascota exótica y se les escapa (onda una ardilla), les acuaristas individuales
que limpian sus equipos y recambian el agua de sus peceras en el río o lago que
más cómodo les queda, las personas individuales que plantan exóticas ornamentales
porque son lindas, les turistas individuales que se meten en el bosque por
senderos no autorizados o que acampan en cualquier lugar, y así podríamos
seguir una eternidad. (OK, en última instancia, une podría echarle la culpa a
los gobiernos que no controlan lo suficiente, o al Sistema, que promueve esas conductas individuales, pero creo que se entiende cuál es mi argumento.)
Por otra parte, es un asunto incómodo para les ecologistas
(entre quienes cuento, sin pensarlo mucho, a les activistas socioambientales),
porque el control o erradicación de las especies invasoras, condición necesaria
para la preservación de la biodiversidad, suele implicar la eliminación de los individuos
invasores, y esto, bueno, no sé cómo podríamos defenderlo.[2]
Quizás muches de nosotres no veamos ninguna contradicción entre
ser ecologistas y al mismo tiempo partidarios de la eliminación de individuos
de «especies invasoras» en
beneficio del ecosistema (como quizás tampoco la veamos entre ser ecologistas y
clavarnos un Paty cada tanto). Pero a todes nos daría cosa, nos haría ruido, saber que nuestra mirada sobre el problema, la solución que le vemos, coincide
100% con la de los cazadores y pescadores recreativos, los que, convengamos, no
juegan para nuestro equipo.
¿Por qué hay miembros del colectivo ecologista que no ven
nada de malo en eliminar individuos de «especies
invasoras», plantas y animales sacados de su lugar cuyas
poblaciones se han descontrolado?
Buscando una respuesta a esta pregunta me encontré con los
trabajos de dos docentes e investigadoras, Gabriela Klier, de la Universidad
Nacional de Río Negro (UNRN), y Constanza Rendón, de la Universidad Nacional de
Buenos Aires (UBA).
Gaby y Constanza han ahondado en las diferentes concepciones
acerca del «valor de lo vivo» en varias ramas disciplinares de
la biología, y han visto que, en el ámbito de la Biología de la conservación,
no se le suele dar un «valor
intrínseco» al «bicho individual»; sí a las especies o a los
ecosistemas, de modo que, si se trata de salvar especies o ecosistemas, les
conservacionistas no ven problema en liquidar bichos individuales.[3]
Estas doctoras lo dicen bien clarito: el exterminio de bichos individuales no
suele plantear un dilema moral en las prácticas de manejo habituales de las
especies invasoras. Tampoco en una parte del movimiento ecologista que convalida esas prácticas de manejo. Esto último lo digo yo.
Ok. Seguramente les «animalistas» lo verán distinto (hago jugar a
los «animalistas» en el ancho equipo del ecologismo
o ambientalismo, aunque no todos compartirán esta decisión[4]).
Seguramente rechazarán el exterminio de animales individuales, pero no siempre
defenderán a todos los animales por igual (a las especies me refiero). Por
ejemplo, aquí en Río Negro, al menos un sector del animalismo muestra (una justificada)
preocupación por el maltrato a los perros que son obligados a atacar jabalíes…
pero se olvida de los jabalíes. Y la primera víctima aquí es, a no dudarlo, el jabalí (Sus scrofa).
Digresión chancheril: en Río Negro le estamos dando vueltas
a este asunto de la caza de jabalíes con perros desde hace por lo menos dos años.[5]
Que perros sí, que perros no. Al final, el gobierno decidió prorrogar la
temporada anterior (dos años consecutivos, en 2023 y 2024) y fue Que perros
sí.[6],
Por ahora. Porque la militancia perrista es madera dura (o hueso duro). Incluso
a nivel nacional hay una iniciativa de la diputada Graciela Camaño para
prohibir el uso de perros en la caza de jabalíes.[8]
Que nadie lo dude: más temprano que tarde se prohibirá el uso de perros en la
caza así como la caza misma, porque, tomando prestadas de Gra unas palabras de
los fundamentos de su proyecto de ley, nuestra legislación debe expresar ese «cambio de mirada respecto de la
consideración ética hacia los animales no humanos que debemos tener en el mundo
para todos los seres vivos que lo habitamos».[9] Y dentro
de esos animales no humanos están los perros, pero también los jabalíes y todo
bicho cazable.
Cierro con la
digresión chancheril y retomo el tema central de este posteo: el de las plantas y
animales expatriados y descontrolados poblacionalmente o en vías de
descontrolarse que habitan en Río Negro.
Especies introducidas
y fuera de control de Río Negro: la foto de nuestra desidia
Antes de pasar lista a los bichos introducidos en Río Negro y descontrolados incipiente o totalmente, es necesario explicar por qué se salen de control algunas especies introducidas, porque —aviso— no todas las especies introducidas terminan descontrolándose.
Hay varias razones que lo explican. Por un lado, los llamados
«factores intrínsecos»; las características del «bicho en sí», su «invasividad»: el bicho en cuestión puede ser
amplio en cuanto a sus requerimientos ecológicos, puede tener mayor
variabilidad genética y plasticidad, lo que puede favorecer su aclimatación al
nuevo hábitat; su ciclo reproductivo puede ser ventajoso en distintos aspectos:
puede producir más semillas, o producirlas más frecuentemente, o sus
semillas pueden tener mayor capacidad de dispersión.[10]
No menos importantes son los «factores
extrínsecos», la «invasibilidad» de la comunidad, uno de cuyos
aspectos más relevantes es la disponibilidad de un nicho (que el «oficio» de la especie en el ecosistema a ocupar, su «lugar» —en un sentido muy amplio, no solo físico—, no esté siendo
ejercido por otra especie)[11]
y que no haya depredadores en el horizonte. Obviamente, también es importante
lo que en la jerga ecológica se conoce como la «presión de propágulos»,
es decir, la intensidad o número de arribos o introducciones y su frecuencia.[12]
Hay arribos que se han dado de manera natural, sin que el Homo sapiens haya tenido algo que ver. Un botón de muestra es el de la garcita boyera o bueyera (Bubulcus ibis), ave que, dicho sea de paso, también habita en Río Negro. Originaria de África y Asia, este inconfundible ardeido de patas amarillas llegó a América del Sur en 1877, más precisamente a Surinam, y de ahí siguió para abajo. No está claro cómo llegaron hasta acá estos bicharracos ¿Lo hicieron volando tranquis horas y horas, aprovechando los vientos alisios del noreste, o fueron arrastrados por un huracán? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que acá encontraron un nicho vacío y lo ocuparon.[13] Bien por las boyeras o bueyeras.
Ahora sí, a continuación, mi lista de «invasores» de Río Negro. Está de más decir que es una lista incompleta.
Solo incluyo aquellas que entiendo son las más relevantes, o al menos las más
conocidas. Dejo de lado a las que son propias de entornos urbanos, como el gorrión
(Passer domesticus), la paloma doméstica (Columba livia), la cotorra verde (Myopsitta monachus), y la rata negra (Rattus rattus).[14]
ALGUNAS PLANTAS Y UN HONGO
La rosa mosqueta[15]
(Rosa rubiginosa o Rosa eglantería) es
originaria del este de Europa (Polonia, Rumania, Hungría), oeste de Asia y norte
de África,[16] y
fue introducida en América del Sur por los españoles hace dos siglos.[17]
Al Parque Nacional Nahuel Huapi llegó en 1910 (la creación del parque data de
1903); seguramente la introdujeron para hacer dulces o cercos vivos.[18]
A partir de la rosa mosqueta se puede hacer un montón de
cosas, además de dulces y cercos vivos, aceites y jabones. Chile dispone del
85% de la oferta mundial de rosa mosqueta sin procesar y es el único país que
la exporta en grandes escalas.[19]
En nuestro país se la cosecha en la región cordillerana de Chubut y Río Negro (hasta
1400 toneladas anuales de frutos en 2005[20]).
Una de las claves de su invasividad reside en su modo de
reproducción: por semillas que son transportadas por las heces de los animales,
y vegetativamente (asexual o no sexual), brotando las plantas hijas a partir de
las raíces de la planta madre que se extienden por debajo del suelo.
No crece en zonas oscuras o en bosques, pero sí en los
claros alterados por humanos u otros animales, con un régimen hídrico húmedo o subhúmedo y suelos
con buen drenaje.[21]
Como principio general —esto, perdónenme, lo diré varias veces a lo largo
del posteo— , los ambientes disturbados suelen ser más susceptibles de
ser invadidos: más invasibles.[22]
De hecho, cuando los grupos conservacionistas remueven pinos en los alrededores
de Bariloche (digámoslo ahora, los pinos son re invasores), no suelen crecer
primero las nativas sino otras invasoras, entre ellas la rosa mosqueta y la retama
(de las que hablaré enseguida).[23]
La interacción retama-rosa mosqueta fue objeto de estudio de la bióloga
Agostina Torres, del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y
Medioambiente (INIBIOMA-CONICET/UNCo), como parte de su tesis doctoral.[24]
Ese conocimiento (cómo proceder con estas invasoras de segunda generación,
luego de remover aquella otra invasora) es crucial para la recuperación de
ecosistemas invadidos.
La invasión de rosa mosqueta disminuye la riqueza de
especies en una comunidad. Pero esto es en comunidades con estadios tardíos de
invasión. Comunidades con estadios tempranos de invasión de rosa mosqueta
muestran en promedio una mayor riqueza específica que las no invadidas, pero en
aquellas reemplazadas por verdaderos matorrales de rosa mosqueta el número de
especies disminuye. Esto lo vieron por primera vez María Damascos (Universidad
Nacional del Comahue, UNCo) y Gilberto Gallopin (Fundación Bariloche) en los
años 90.[25]
Los matorrales de rosa mosqueta, cerrados y espinosos, dificultan
que el ganado pueda alcanzar los mallines para pastorear, cosa que desvela a
les productores de la región andina.[26]
Para terminar con la mosqueta. Se sabe que la consume el ratón
colilargo (Oligoryzomys longicaudatus),
bicho nativo que suele portar cepas del virus que causa el Síndrome Pulmonar
por Hantavirus (SPH). Se sospecha incluso que el avance de este arbusto puede
favorecer el ocasional aumento poblacional de esos roedores cricétidos, factor
que se sumaría al más conocido de las floraciones de caña coligüe (Chusquea culeou). Esto lo vieron hace
unos años dos biólogas de Bariloche: Alicia Pelliza Sbriller (INTA Bariloche) y
Lorena Sepúlveda Palma (UNCo).[27] [28]
El tamarisco (Tamarix sp.) es originario de Asia y
Europa. Está en nuestro país al menos desde el siglo 17.[29]
Se introdujo como barreras contra el viento, para fijar médanos, y para
construir cercos. Como buen invasor, cambia la estructura y el funcionamiento
de los ambientes que invade.[30]
En el sur de Mendoza invadieron bordes de laguna afectando el hábitat de muchas
especies, particularmente aves.
Los
tamariscos cuentan con raíces muy profundas y son tolerantes a la sal, de
manera que pueden crecer lejos de los ríos, en áreas más salinas, y pueden
extraer agua de niveles más profundos respecto de muchas especies nativas.[31] El
exceso de sal es excretado a través de sus hojas. De esta manera, el agua
salada gotea en la superficie del suelo formando una capa de sal que inhibe el
crecimiento de otras plantas.[32]
A su vez, cuando forman parches densos a lo largo de los
cursos de agua, pueden aumentar la sedimentación, el
estrechamiento de canales y el rellenado de remansos, y producir cambios en la
turbidez y temperatura del agua.[33]
Por si fuera poco, aumenta la frecuencia e intensidad de los
incendios.
La retama (Cytisus scoparius)[34]
es una leguminosa (de la familia de las fabáceas) originaria de Europa
Occidental, introducida en la región con fines ornamentales (casi seguro).[35]
Produce impactos en el suelo: incrementa la concentración de nitrógeno y produce
cambios en la comunidad de microorganismos. También modifica la estructura de
las redes de polinización y dispersión de semillas, entre otros efectos.
Al modificar las condiciones del suelo, la retama inhibe el
crecimiento de especies nativas. En esto guarda similitud con un montón de
otras invasoras. Además, cambia el régimen de fuego ya que, como el tamarisco,
es bastante inflamable en comparación con las especies nativas.
Cristina Sanhueza de la Universidad Nacional del Sur (UNS),
escribió una tesis entera sobre el impacto de la retama en el área de Sierra de
la Ventana, abarcando distintos aspectos, desde aquellos relacionados con el
proceso de invasión, hasta la precepción pública sobre la planta y la amenaza
que supone para los ecosistemas nativos.[36]
Cristina registró para el área de Sierra de la Ventana algo que también vemos
en la zona andina de nuestra provincia: que las retamas prefieren los bordes de
caminos, senderos y arroyos.
En Bariloche, desde el Área Forestal del Departamento de Conservación y
Educación Ambiental de la Intendencia del Parque Nacional Nahuel Huapi,
se hacen todo el tiempo campañas de control para evitar que la retama y la rosa
mosqueta se morfen todo. Desde 2020 se hicieron un montón. Como aquella que se hizo
en 2022 en el área del sendero a la cascada Los Alerces, coordinada por la
guardaparque Aldana Calamari,[37]
o aquella otra que se hizo en 2023. [38]
De todas estas campañas suelen participar asociaciones civiles locales, como «Circuito Verde».
El tojo (Ulex europaeus)[39]
es una leguminosa arbustiva y espinosa originaria de Europa occidental y el
Reino Unido. Crece en todo tipo de suelos; eso sí, como a la mosqueta, no le va
bien en los lugares sombreados, por eso se establece principalmente en áreas perturbadas
o «disturbadas», como los costados de las rutas y
senderos.
El tojo impide el paso de muchos animales y suele ser
refugio de otros invasores, como el conejo silvestre europeo. Además, como el
tamarisco y la retama, es muy inflamable. Produce una enorme cantidad de
semillas que se bancan de todo. También se reproducen vegetativamente.
El tojo fue introducido con fines ornamentales y para la
construcción de cercos vivos. En el Parque Nacional Nahuel Huapi ya son un
grave problema.[40]
El lentejón de agua
(Limnobium laevigatum) apareció en el
Río Negro hace poquito, en 2016. Se trata de una planta flotante de áreas tropicales, que
habita el norte de nuestro país (en sentido estricto, se trataría, pues, no de
una invasión sino una «traslocación»). La proliferación de estos
lentejones podría producir modificaciones químicas en el agua y afectar los
ecosistemas.[41]
Cristian Pérez, biólogo del CENPAT (CONICET Puerto Madryn) y
Pablo Seewald, investigador independiente de Plottier (Neuquén), quienes dieron
cuenta de la presencia de esta nueva especie invasora, apuntan como
responsables de la invasión a la industria de los acuarios y las especies
ornamentales, que introduce peces (unas 5.000 especies ornamentales
comercializadas en 2012 a nivel mundial[42])
o sus parásitos. Aquí, dice Pérez, los lentejones podrían causar un despelote ecológico
de magnitud, como el que causaron los camalotes en otras partes del mundo.[43]
Teléfono para la subsecretaría de Ambiente de Nación y la secretaría de
Ambiente y Cambio Climático de la provincia.
La hiedra común (Hedera helix) es originaria de los
bosques húmedos del oeste, el centro y el sur de Europa, norte de África y
Asia.[44]
Se la utiliza de adorno para cubrir paredes y muros, y seguramente fue traída para
eso. Crece en dos etapas: en una primera etapa, que puede durar diez años,
crece en forma rastrera y vegetativa (esta es sin duda la mejor etapa para su
control efectivo), y en una segunda etapa se vuelve vertical y enredadera. Es
en esta etapa que produce flores. Obviamente, las cortezas que cubre la hiedra en
el transcurso de esta segunda etapa son hogar de otros organismos, como
líquenes, musgos y hongos, y refugios de aves e insectos. En lugares donde se
ha vuelto invasora, como en América del Norte, la hiedra reduce la diversidad
de las plantas nativas.
Hoy las encontramos en Puerto
Blest, un bello rincón del Parque Nacional Nahuel Huapi con especies
típicas del bosque valdiviano.[45]
De acuerdo con un relevamiento hecho en el marco de un programa de la Administración
de Parques Nacionales (APN), se reconocieron hasta 20 leñosas exóticas en
Puerto Blest. De esas 20, la hiedra resultó prioritaria.
Paula Quiroga (de la UNCo) y un
grupo de colaboradoras presentaron recientemente un caso exitoso de coordinación entre la
academia y el voluntariado (voluntaries sobre todo miembros de la comunidad
universitaria del Centro Regional Universitario Bariloche de la UNCo, CRUB, y
personal de la APN), que involucró la educación ambiental y las políticas
públicas en materia ambiental. El trabajo, presentado en el Boletín de la Sociedad Argentina de Botánica, se centró en el control efectivo de la hiedra común en Puerto Blest. Como vimos en el caso de las retamas y mosquetas,
sin la colaboración de voluntaries es virtualmente imposible pensar en un
efectivo control de estas especies.
El diente de león (Taraxacum
officinale)[46] es
una hierba perenne originaria de Eurasia. Es del grupo de las asteráceas,
pariente de la margarita. En alta montaña compite con la flora nativa, y suele
ganar, ya que tolera más que otras especies la alta radiación solar.[47]
Sin embargo, en general, es una planta que, por distintas razones, goza de muy
buena prensa, sin que se la acuse de causar impactos tan tremendos como la
mosqueta o la retama. De todas formas, le cabe las generales de la ley para la
mayoría de las introducidas descontroladas: modifican la
estructura y composición de las comunidades vegetales nativas y crecen antes que las nativas
sobre todo en áreas disturbadas. Una investigación liderada por Adriana
Kutschker (Universidad Nacional de la Patagonia «San Juan Bosco»
UNPSJB) realizada
en la provincia de Chubut, en el Parque Nacional Los Alerces, mostró que el
diente de león (junto con la rosa mosqueta y otras plantas) estaba en el 100%
de las áreas disturbadas relevadas (se analizaron 48 transectas de 150 m de
longitud, comprendiendo zonas incendiadas, bordes de camino, zonas de pastoreo,
de acampe, etc.).[48]
Muchas de estas especies exóticas
son muy abundantes en humedales y mallines (¡con lo importantes que son los
humedales y mallines por los beneficios ecosistémicos que prestan!). Según lo
mostró una investigación de Florencia Cuassolo y Verónica Díaz Villanueva,
ambas biólogas de la UNCo, en los humedales de la zona de Bariloche las
exóticas representan un 50% de las especies,[49]
hallándose el diente de león presente en más del 50% de los humedales
relevados.
Hace un rato comenté lo
importante que es atajar a tiempo una invasión. Pues bien. Florencia y Verónica,
en su estudio sobre exóticas en humedales, informan que podríamos estar ante
las puertas de una nueva invasión, una que hasta ahora estaba fuera de nuestros
radares ecologistas: la de la cincoenrama
(Argentina anserina),[50]
una rosa oriunda de las zonas templadas del Hemisferio Norte. Al igual que
otras introducidas, como la retama y el diente de león, la cincoenrama posee
propiedades medicinales. También es medicinal la verdolaga (Portulaca oleracea),
una planta de hojas carnosas originaria del Viejo Mundo que se encuentra
presente en nuestra provincia en varios lugares, entre ellos el Parque
Nacional Nahuel Huapi y el Área Natural Protegida (ANP) Paso Córdoba. Teléfono para todes: la Subsecretaría
de Ambiente de Nación, la Secretaría de Ambiente y Cambio Climático de Provincia,
Municipalidad de General Roca y Parques Nacionales.
El rayito de sol (Malephora purpurocrocea)[51] es originario de Sudáfrica y, como la retama, fue introducido con fines ornamentales (porque es lindo). En efecto, posee una abundante y prolongada floración y sus hojas son muy lindas: verde-azuladas hasta rojizo-violáceas, según el aporte de agua. Hay ocho localidades entre Neuquén Río Negro y Chubut con densas poblaciones de esta planta. Concretamente, en Río Negro la encontramos en el lago Pellegrini, en San Antonio Oeste/Las Grutas, y en Ingeniero Huergo.
Se desarrolla en suelos arenosos
y pedregosos con escasa precipitación. El ingeniero del INTA Adriel Jocou y
su equipo de colaboradores destacan que esta especie se autoperpetúa sin
intervención humana desde hace más de 10 años (es decir desde 2009, porque el
artículo es de 2019).[52]
No encontré estudios sobre sus impactos, que seguro los causa.
Porque nada es gratis en cuestiones de invasiones biológicas.
Sí encontré datos sobre los problemas que está comenzando a causar dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi, la expansión del sauce conocido como mimbrera o mimbrote (Salix fragilis). Este sauce oriundo de Europa y el oeste de Asia ha avanzado siguiendo las riberas de ríos y arroyos y, entre otros impactos, ocasiona el desplazamiento del sauce criollo (Salix humboldtiana), que como su nombre lo sugiere, es nativo. Laura Santoni, Miriam Gobbi, Eugenia Chaia, y Silvana Alzogaray de la UNCo en Bariloche, han publicado un informe sobre el avance de este sauce exótico dentro del parque, en el marco de la tesis de licenciatura de Laura (el trabajo con el que Laura se recibió de bióloga). En la investigación se vio que la disminución en biodiversidad que trae el sauce exótico podría paliarse plantando chacay (Ochetophila trinervis), un arbusto nativo con una presión de predación muy grande (es muy apetecible para cualquier herbívoro, ni hablar para el ganado). Vía Whatsapp, Miriam me completa la información sobre este arbusto: «el chacay es capaz de utilizar el nitrógeno atmosférico y así resulta que sus hojas tienen unas concentraciones de nitrógeno muy altos y eso le da un valor nutritivo importante.» (¡Gracias Miriam!)
En Patagonia Norte había, al 2007, unas 60 especies de coníferas exóticas (pinos, enebros,
abetos, sequoias), introducidas con fines ornamentales y productivos. Por
supuesto, como vimos, esto no significa que sean todas invasoras.
Las especies más importantes son el pino ponderosa (Pinus ponderosa), muy común en sectores
ubicados entre el bosque y la estepa (la llamada zona de ecotono); el pino murrayana (Pinus contorta var. murrayana),
de zonas más ventosas y frías; y el pino Oregón (Pseudotsuga
menziesii), que crece en mejores suelos y se encuentra adaptado a
zonas más húmedas.
Sobre la «megapinería» simplemente repetiré lo que desde el ecologismo decimos siempre: que es un crimen de lesa Naturaleza deforestar bosque nativo para plantar pinos o eucaliptos, desplazando a las comunidades originarias y población criolla que habitan esos bosques.[53] Me interesa destacar aquí la condición de potenciales invasores de los pinos, una vez fuera de esos monocultivos que, equivocadamente, solemos llamar «bosques». Antes, un comentario con respecto a lo que dije al comienzo del posteo con relación a la responsabilidad individual o corporativa en la propagación de especies exóticas: en el caso de las coníferas, quizás como en ningún otro, las corporaciones, forestales en este caso (donde no faltan las petroleras: no conformes con seguir cagándola con los hidrocarburos, plantan pinos[54]), han tenido y siguen temiendo una enorme cuota de responsabilidad.
Más arriba me referí a los pinos exóticos como potenciales invasores.
En efecto, hasta hace muy pocos años, cabía la pregunta que, en un artículo de
2007, se hacían Cecilia Núñez (de la UNCo) y Martín Núñez (en ese entonces en
la Universidad de Tennessee, USA): ¿es
posible la invasión de alguna o algunas especies de coníferas exóticas en
el noroeste patagónico? [55]
(El subrayado es mío.)
A más de 15 años de publicado ese artículo, esa pregunta parece ir perfilando
una respuesta. Y es que el avance del pino ya se advierte en zonas alejadas de
las plantaciones comerciales. Hay pinos por todos lados, incluso en lugares donde
habitualmente no crece nada, en pura roca, como lo señaló en 2023 en una nota al
«Río Negro» la guardaparque del Parque
Nacional Nahuel Huapi Aldana Calamari (a quien conocimos a propósito de las
campañas contra la retama que regularmente organiza Parques). Aldana sabe de lo que habla:
ya hay pinos por arriba de la línea de bosque nativo, pegadito al refugio de
Laguna Negra (ubicado a 1650 msnm), y en el Cerro Piltriquitrón (hasta los 1900
msnm).[56]
En su artículo de 2007, Núñez y Núñez ya habían advertido
sobre el riesgo que entrañaba el pino (si bien no daban por cerrada la discusión sobre si el
pino es invasor aquí, sobre todo en áreas boscosas): en áreas incendiadas, decían
allí, los pinos son los primeros en crecer; además, recordaban, el pino es invasor en otras partes del mundo.
No es claro si las coníferas introducidas tuvieron algo que ver con esto que voy a contar, pero hay un moho, presumiblemente exótico, el Phytophthora austrocedri, que está haciendo desastres en nuestras poblaciones de cipreses nativos (Austrocedrus chilensis), y en otros árboles de la cordillera patagónica cuyo estado de conservación es muy delicado, como el alerce (Fitzroya cupressoides), el llamado ciprés de las Guaitecas (Pilgerodendron uviferum), y el pehuén (Araucaria araucana). Las causas del llamado «mal del ciprés», la identificación de ese moho, estuvo a cargo de un grupo de investigadoras de la UNPSJB en Esquel, Ana Greslebin y Ludmila La Manna, hace ya 15 años.
Comenté ya que no todas las exóticas se
vuelven invasoras. De todas maneras, cuando se halla una exótica en ambientes
naturales, no es cuestión de sentarse a ver si invade o no. Hay que actuar
preventivamente de forma inmediata.
La importancia de la detección e intervención temprana quedó demostrada con un hallazgo realizado en Puerto Blest, tal como lo cuenta, nuevamente,
Cecilia Núñez (ahora, además de con la UNCo, vinculada con la Administración de
Parques Nacionales) y un grupo de colaboradoras, en un artículo publicado en 2019.[57]
La historia es así. En 2018, una guía de turismo vio, al lado
de la pasarela de una turbera del musgo Sphagnum,
una planta carnívora que no pudo identificar.
Pronto se vio que esa carnívora correspondía a una especie exótica, desconocida
hasta entonces en la región: la Drosera rotundifolia. Era la primera
carnívora exótica registrada en Puerto Blest, como comenté, un lugar muy
sensible con especies valdivianas típicas.
La Drosera rotundifolia se banca casi todo,
hasta el congelamiento del suelo en invierno, y, como muchas otras exóticas,
coloniza áreas disturbadas. Cada planta produce muchas semillas con mucha
facilidad para dispersarse. Todo ello convierte a esta planta en una potencial
invasora, que amenaza especialmente a la carnívora nativa de Puerto Blest
(porque tenemos una allí): la Pinguicula australandina. (Por lo general, las plantas carnívoras habitan en suelos
pobres en nutrientes. Son escasas, y muy sensibles y vulnerables a las especies
exóticas.)
Este caso ilustra la importancia de contar con agentes informados que monitoreen el lugar y detecten tempranamente la presencia de estas exóticas, como Fernanda Tazin, la guía de turismo que se menciona en el artículo.
Otro caso de una posible especie invasora es el que Javier Puntieri (UNCo), Alfredo Passo (UNCo) y Petr
Pyšek (Universidad Charles, Praga, República Checa) revelaron con relación a la
presencia del perejil gigante (Heracleum mantegazzianum) en distintos sitios
de Río Negro y Neuquén. Se trata de una hierba gigante que no tiene un nombre
vulgar único en nuestro país (perejil gigante es el nombre con el que se la
conoce en España), perteneciente al grupo de las umbelíferas y catalogada en el
Libro Guinness de 2003 como «la
maleza más grande del mundo».[58]
Por cada planta puede producir, literalmente, decenas de miles de frutos: una campeona.
Es nativa de la zona occidental del Cáucaso y el oeste
asiático, y no está claro cómo corno llegó hasta aquí. Muy posiblemente haya sido
introducida con fines ornamentales (aunque tan linda no parece...), como en otras
partes del mundo. Por ahora, esta maleza gigante no ha invadido nada, pero,
como dicen Puntieri & Co.: «Los descuidos al inicio de la
invasión en una región cualquiera del mundo por parte de una especie
introducida se pagan caros».[59]
Teléfono para quien quiera atender.
El hongo que cierra esta parte es el llamado «matamosca», «falsa oronja» o simplemente «hongo de sombrero rojo» (Amanita muscaria). Este hongo, el típico hongo de los cuentos de duendes, además de producir efectos alucinógenos (¿producirá el efecto de ver duendes?), es altamente tóxico y puede afectar al sistema digestivo, dependiendo de la sensibilidad del que lo consume. Así lo advierte la ex profe de la UNCo Laura Lorenzo en una nota periodística concedida en 2020 al diario Río Negro. Esta micóloga barilochense está realmente preocupada por el avance de este organismo proveniente de Asia: en la zona de Bariloche, dice Laura, sin llegar aún a ser un invasor, se lo ve cada vez más, sobre todo asociado a las raíces de los pinos y abedules (que son exóticos) y de un montón de otras especies. En un artículo de divulgación publicado en 2022 en la revista «Desde la Patagonia, Difundiendo Saberes», que editan compañeras de la UNCo en Bariloche, Laura desliza la hipótesis de que estos hongos llegaron a la zona junto con especies arbóreas de interés forestal.
ALGUNOS INSECTOS
A nivel global, los insectos son el grupo con mayor número
de especies invasoras luego de las plantas vasculares.[60]
De hecho, es un insecto el invasor «argentino» más famoso: la «hormiga argentina» (Linepithema humile), que, pese a su nombre, no habita solo en Argentina.
A la abeja común
(Apis melífera) la conocemos todes.
Es introducida y está presente en el Parque Nacional Nahuel Huapi.[61]
Pero no es a esta abeja que quiero referirme sino a otra invasora, también muy
conocida, y que le disputa la parada a la melífera: la chaqueta amarilla (Vespula
germanica).
La chaqueta es una avispa originaria de Europa, Asia y el
norte de África, que posee un gran «poder
invasor». Llegaron a Argentina
desde Chile en la década del 80.[62]
Se las vio por primera vez en la localidad de Andacollo (norte de Neuquén), y desde
allí se dispersaron a razón de 37 km por año: una de las tasas más altas para un himenóptero social invasor.[63]
(Los himenópteros son el orden de insectos al que pertenecen las abejas, los abejorros,
las avispas y las hormigas; lo de «social» es porque numerosas especies de
himenópteros poseen una compleja organización social.)
Dice la Wikipedia
con respecto a la dieta de este infame himenóptero: «(la
misma) consiste
principalmente en carbohidratos, de los que el néctar, la miel, las
frutas maduras y las secreciones azucaradas de pulgones son
sus fuentes más habituales; mientras que el consumo de proteínas, que obtienen de artrópodos cazados vivos
(como moscas, mosquitos, orugas) y carroña,
es mayor cuando las obreras deben alimentar a las larvas y crías.»
O sea, atacan a las Apis
melífera y sus colmenas, de ahí que disminuyan el
rendimiento apícola. También se las agarra con el ganado y les turistas,
también ricos en proteínas. Comenta la bióloga del INTA-Bariloche Maité
Masciocchi en un artículo publicado en 2018: las chaquetas pican y muerden para
defenderse (a diferencia de los mosquitos que lo hacen para comer); para peor,
a diferencia de las abejas comunes, no pierden el aguijón al picar, por lo que
pueden picarte numerosas veces.[64]
Actualmente se hallan extendidas por toda la región
cordillerana. En 2013 llegaron a la Isla Grande de Tierra del Fuego y ya están
muy instaladas allí.[65]
No llegaron más al sur porque se les acabó el mundo.[66]
Hay otra especie invasora de Vespula también conocida como chaqueta amarilla, la Vespula vulgaris, que también ha sido
registrada en la Patagonia. Una tercera avispa invasora, la «avispa de papel» (Polistes dominula) fue detectada por primera vez en la localidad de
El Bolsón en 2002, y suele ser confundida con la chaqueta porque es muy
parecida.
Carpocapsa (Cydia pomonella).[67]
Es una polilla nativa de Europa que está allí donde están los manzanos y otros
frutales. Son el enemigo N° 1 de los chacareros del alto valle. Dudé en
incluirla en mi lista porque no se mueven de las chacras (bah, creo que no), pero bueh, acá están.
ALGUNOS PECES
La trucha arco iris
(Oncorhynchus mykiss) y la trucha marrón (Salmo trutta) no son de acá: las trajeron a nuestros ríos y lagos para
recreación de quienes se recrean estresando y matando peces. Actualmente se
cuentan entre las 100 especies más «invasivas» del planeta.[68]
La introducción de truchas comenzó a principios del siglo 20.
Su llegada al Nahuel Huapi tiene fecha precisa: 4 de marzo de 1904.[69]
Estamos, pues, «celebrando» —si es algo que merezca celebrarse— el 120 cumpleaños
de ese primer desembarco salmónido. Hoy se sabe, a partir de análisis genéticos
realizados hace más de 15 años, que la «arco
iris» es yanquee, viene de
California, y la «marrón» es de Alemania;[70]
como dije: no son de acá. (Para quienes estén interesades en la cronología de
esta invasión recomiendo el artículo de Patricio Macchi y Pablo Vigliano de la UNCo,
citado como nota al final de este posteo, referencias 12 y 68.)
Las que sí son de acá son las especies amenazadas por las
truchas: en Río Negro, las ranitas de Valcheta
(Pleurodema
somuncurense) y las mojarras desnudas (Gymnocharacinus bergii),[71]
nuestra mojarra nativa declarada Monumento Natural de Río Negro (por Ley
provincial N° 2783/1994).
En efecto, hoy por hoy, las truchas representan la mayor amenaza a la
existencia de estas dos especies endémicas; mayor que la suma de todos los
permisos de cateo minero que el gobierno provincial otorgó en el ANP Meseta de
Somuncura (que no son pocos, por cierto).[72]
En el caso específico de la mojarra desnuda, los salmónidos
introducidos la han corrido de la mayor parte de sus hábitats naturales, y no
la han extinguido aún porque no han llegado hasta las nacientes del arroyo
Valcheta, que es donde se ha arrinconado la Gymnocharacinus
bergii.[73]
Es complejo meterse con las truchas por el hecho de que mueven un montón de guita (7 u 8 millones de dólares por temporada, solo en Bariloche),[74] pero que han causado estragos, de eso no hay duda. Cuántos es difícil de saber, ya que no hay estudios de la biota de los ambientes colonizados por las truchas previos a su introducción (con fecha anterior a ese fatídico 4 de marzo de 1904). Seguro afectó la distribución y disponibilidad de alimento para las especies nativas. También desplazó como depredador tope a la «trucha criolla», la perca (Percichthys trucha, que, pese a su nombre, pertenece a un orden taxonómico distinto a las truchas verdaderas), lo que aumentó la presión de predación sobre otras especies, entre ellas, posiblemente, el pejerrey patagónico, que hoy no es muy abundante allí donde imperan las truchas. [75] Lo mismo sucede con las peladillas (Aplochiton sp.). Cuenta Patricio Solimano, biólogo de la UNRN, que no se ven peladillas en el río Negro desde hace 40 años (1h, 34' de este video). Ok. No se puede atribuir a las truchas el 100% de la responsabilidad por la «extirpación» (extinción local) de esos peces nativos (después de todo, coexistieron con las truchas durante 60 años), pero que tuvieron que ver, tuvieron, seguro.
El pejerrey argentino
(Odonesthes bonaeriensis) fue
introducido en el lago Pellegrini a mediados del siglo pasado para su
explotación pesquera y recreativa. Su impacto sobre las poblaciones de pejerrey
patagónico (Odonesthes hatcheri) son
discutidas. Se sabe que ambas especies se han hibridado, pero se ignora hasta
qué punto el exótico ha contribuido a la disminución del nativo.[76] El Odonesthes bonaerensis no viene de
otro país, por lo que técnicamente no sería una especie exótica sino una «traslocada» o «transplantada», pero para el caso es lo mismo.
La carpa (Cyprinus carpio) es un pez oriundo
de los ríos templados de Europa y Asia. Pertenece a la familia de los
ciprínidos, de los cuales en Argentina tenemos varias especies, todas ellas
invasoras.
Este pariente silvestre de los Carassius de las
peceras, ha sido incluido entre las 100 especies exóticas más dañinas del
mundo, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza
(UICN).[77]
De todas las especies exóticas presentes en el río Negro (de
las 13 especies muestreadas en el valle inferior del río Negro por Mariano
Soricetti en el marco de su tesis doctoral sobre las carpas, siete son no
nativas[78]), y sin duda la carpa es la estrella de esas siete.
Oficialmente, las carpas llegaron a nuestro país en 1925, introducidas
con el propósito de sembrar lagos urbanos en Buenos Aires y alrededores, aunque
posiblemente estaban desde antes.[79]
Obviamente que allí no se quedaron.
En el río Negro, las carpas estarían dando el presente desde
hace unos 25 años. No se sabe bien cómo llegaron a estas latitudes. Carlos Rauque, Agustina Waicheim, Pedro Cordero y Guillermo
Blasetti, en un artículo publicado en 2017, sugieren que tal vez se escaparon
de alguna estación de piscicultura.[80]
Precisan Mauricio Failla y Laura Fasola en su artículo sobre el visón (más
adelante hablaré de él) que la carpa fue introducida en 2002 a la altura de
Luis Beltrán. [81]
Tal vez fue de allí que se escaparon. Desde 2013 se las reporta en el alto valle, y hoy parecen estar frenadas por las represas del Limay (llegan hasta Arroyito), aunque no se sabe por
cuánto tiempo. También están en el río Colorado, aunque para Rauque y
colaboradores llegaron allí de forma natural, a causa de un desborde
extraordinario del río Salado en la provincia de La Pampa, en 1983.
Paradojas de la Biología de Invasiones. Allí en su área
de origen (la cuenca del Danubio), la variedad de Cyprinus carpio de la que se originó la variedad introducida en
nuestro país se encuentra en peligro de extinción.[82]
Con relación a esto último, el naturalista Roberto Ares[83]
afirma, en defensa de las exóticas, que en los casos en que estas se hallan amenazadas
en su lugar de origen —son
unas 49 a nivel global—,
su erradicación podría llevarlas directamente a la extinción.[84]
Como todo en la vida, estas cosas no son nunca lineales (carpa mala = ¡afuera!).
Vuelvo a las carpas. Son omnívoras, es decir que comen un
poco de todo, entre otras cosas, peces pequeños y huevos. También succionan el
fondo como locas, removiendo hasta 12 cm de profundidad.[85]
Por la resuspensión y excreción de sedimentos del fondo, aumentan la turbidez
del agua y la cantidad nutrientes.[86]
Esto trae aparejado un efecto negativo sobre las macrofitas acuáticas (literalmente, plantas que se ven a simple
vista que viven en el agua), y sobre los macroinvertebrados que viven en el bentos (es decir en el fondo): en fin,
sobre todo. En Europa al menos, allí donde ha invadido, la carpa representa una
amenaza para las comunidades de aves acuáticas.[87]
En suma, las carpas producen un deterioro de los ecosistemas allí donde se
juntan.
Sobre llovido, mojado: hay estudios que indican que la
contaminación, sumada a la regulación de las represas, podría estar impulsando
o facilitando el avance de la carpa en el río Negro. Como planteé para el caso
de las plantas, las condiciones ambientales alteradas (ahí entra la
contaminación y la regulación) afectan sobre todo a las especies nativas.[88]
Parafraseando a Sun Tzu, «si no puedes erradicar a la carpa, trata de aprovecharla». Perdido por perdido, al menos hagamos
de tripas corazón y pensemos qué hacer con ellas. En este sentido, ya hay
iniciativas para promover la pesca con mosca de este feo pez.[89]
En Allen hay o había hasta hace poco un emprendimiento del que participa o
participaba tanto la muni como la UNCo.[90]
Dice el biólogo oriundo de Chimpay Cristian Pérez que desde
fines del siglo pasado aparecieron en el río Negro el Cheirodon interruptus (una
mojarra, la mojarra plateada) y el Corydoras paleatus (el popular
bagrecito limpiafondos) ambas nativas pero de otros lares, seguramente
traslocada al río Negro. [91] El
Cheirodon apareció también en el
arroyo Valcheta: una muy mala noticia para las mojarras desnudas endémicas.[92]
Agrega Cristian que, ya en este siglo, aparecieron los Astyanax pampa, como el Cheirodon, otro
bicho del amplio equipo de las mojarras, que no estaba más al sur de La Pampa.[93]
No se sabe cómo corno llegaron estas Astyanax
al río Negro, pero el científico chimpayense arriesga que fueron traídas por
los pescadores en bolsas de carnada viva. Esto de la carnada viva no es joda:
así se supone que llegó desde Brasil a Argentina (no a Río Negro aún, a Dios
gracias) el caracol gigante africano
(Lissachatina fulica), una de las
especies invasoras que más problemas genera a nivel mundial.[94]
BICHOS MARINOS VARIOS
El alga wakame (Undaria pinnatifida)[95]
apareció en Puerto Madryn en 1992 y ya la tenemos en Río Negro. En Chubut fue identificada por el equipo de Graciela Casas, del Instituto de Biología de Organismos Marinos del CONICET. Noticias CONICET Originaria de
Asia, llegó hasta acá en el agua de lastre de algún buque mercante,
presumiblemente de uno proveniente de Corea o Japón[96], o de Marsella, como supone Graciela (Más adelante volveremos sobre este asunto del agua de lastre de los
cargueros.)
Sus impactos sobre las algas nativas no son seguros, pero es
posible que las impacten para mal, ya que la Undaria crece hasta 10 veces más rápido que otras algas.[97]
De hecho, los productores marisqueros ya reconocen un impacto negativo sobre
el recurso que explotan (los mariscos).
¿Se puede aprovechar
el wakame? Parece que sí.
Hay una declaración de 2018 de la Legislatura de Río Negro
(413/2018) que expresa el interés social, educativo y económico un proyecto de
investigación en el que trabajan les estudiantes de 6º año de la modalidad
Química del CET Nº 12 de la localidad de Sierra Grande, cuyo objetivo es la
elaboración de alimentos para perros a base de algas, de la variedad «Undaria».
Esto de «hacer
de tripas corazón» y pensar en
comernos (nosotres o nuestres perres) todo bicho que nos invade no parece ser
una solución de fondo al problema de las invasiones; al menos no una solución que
pueda generalizarse. Es más, pero es solo mi opinión, esta «solución» podría terminar conspirando contra la restauración ecológica
que se pretende (o deberíamos) llevar adelante (olvídate de erradicar las
carpas si estas empiezan a traernos dólares). Igual, bien por les pibes del CET
N°2.
A la papa de marglobosa (Molgula manhattensis) se
la puede encontrar en San Antonio Oeste.[98]
Crece sobre las ostras y otros sustratos duros, como los cascos de los buques.
Pertenece al grupo de las ascidias, unos invertebrados cercanos a los
vertebrados (aunque son muy distintos). La Wikipedia, que nunca nos deja
mentir, da un dato interesante sobre esta ascidia: «Los adultos pueden vivir de casi cualquier cosa, lo que
los convierte en muy buenos supervivientes en cuerpos de agua.»[99]
Perteneciente al mismo subfilum de cordados (los Urochordata), la introducción de la ascidia rugosa (Styela clava) en 2014 en las aguas del golfo San Matías ha generado impactos económicos de magnitud en los cultivos de ostras y mejillones. Afortunadamente, este bichito oriundo del Pacífico, no parece haber desplazado a otras especies de los ambientes naturales. Todavía. Diario Río Negro
La babosa tóxica
(Pleurobranchaea maculata) es un
gasterópodo, como el resto de las babosas y todos los caracoles. Es bastante grandota:
mide hasta 15 cm de longitud y habita desde la franja intermareal hasta los 200
metros de profundidad.
Es originaria del sudeste de Australia y Nueva Zelanda.[100]
Llegó a Mar del Plata en 2009 agarrada a un buque y desde hace unos años la
tenemos en el Golfo San Matías.[101]
[102] No conformes con invadirnos, estas babosas ya andarían por
Pinamar y Villa Gesell.[103]
No hay muchos datos sobre los impactos de esta ascidia en
nuestras costas, más allá de la intoxicación de perros en Puerto Madryn
reportada en 2019.[104]
El asunto de la babosa evidentemente recién se está conociendo. Tengamos
presente que recién en 2020 se presentó una tesis doctoral entera sobre este
bicho, a cargo del biólogo del CENPAT Nicolás Battini.[105]
El (y este nombre vulgar me lo inventé) briozoo incrustante chino (Smittoidea spinigera) fue registrado en San Antonio Este y Bahía Blanca en 2018 por un
equipo del Instituto de Biología de Organismos Marinos de Puerto Madryn: María
Liuzzi, Juan López-Gappa y Evangelina Schwindt.[106]
Opinan sus descubridores que la distribución acotada de este briozoo puede deberse
a cuestiones ambientales restringidas o a que es una introducción reciente.
Crucemos los dedos para que sea lo primero.
El briozoo incrustante chino no está solo sino que vino con algunes amiguites. En 2022, les
mismes autores, a los que se sumaron Karen Castro del Museo Argentino de Ciencias
Naturales (CABA) y Magalí Bobinac de Prefectura Naval Argentina, reportaron otros briozoos incrustantes exóticos en los puertos de Patagonia (menciono solo a los
que fueron encontrados en el puerto de San Antonio Este, en Río Negro): Buskia socialis, oriundo del
Mediterráneo; Cryptosula pallasiana,
oriundo de las costas atlánticas del Hemisferio Norte;[107]
y Stephanollona boreopacifica,
oriundo de Corea del Sur.[108]
La ostra japonesa u ostra cóncava (Crassostrea gigas) se encuentra lo más pancha en el balneario El
Cóndor. [109] Estas
ostras fueron introducidas en Argentina (más precisamente en Bahía Anegada, al
sur de la provincia de Buenos Aires) en 1981 para su cultivo. Pero (un clásico)
cuando los emprendimientos fueron abandonados, las ostras se escaparon y
terminaron formando extensos arrecifes.
Eder dos Santos (CONICET-Bahía Blanca) y Sandra Fiori (Universidad
Nacional del Sur, UNS) comentan lo siguiente en un artículo de 2010, publicado con
motivo del primer registro de esta ostra en Bahía Blanca: «El impacto biológico más evidente
de la ostra del Pacífico es el cambio de la arquitectura del sustrato donde se
establecen sus poblaciones y la modificación de la estructura y dinámica de las
comunidades que invade, lo cual genera respuestas diferentes según el grupo
taxonómico considerado. En el ambiente donde se establecen alteran el sustrato,
la disponibilidad de nutrientes en la columna de agua, modifican la dinámica
sedimentaria costera y aceleran el reciclado de nutrientes».[110]
En un informe de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales
(FARN) de 2022 se indica que la ostra del Pacífico (se refiere a la japonesa) «representa una amenaza no solo para
la almeja amarilla (endémica de la zona) sino también para el ecosistema en
general. Las ostras han modificado todo el fondo costero y, con ello, la
comunidad bentónica. Además, ocasiona problemas de enganches de líneas de
pesca, generando un aumento en los residuos pesqueros.» [111]
En marzo de 1997 se inauguró el primer criadero de moluscos
de la Argentina dependiente del Instituto de Biología Marina y Pesquera «Almirante Storni» situado sobre el mar a 4 km del
Balneario Las Grutas.[112]
Ha pasado mucha agua bajo el puente con relación a este proyecto, y
aparentemente no hemos visto aún el final de la película. Pero lo importante a
destacar aquí es que en 1981 y 1997 hubo la idea de aprovechar comercialmente estas
ostras invasoras: no saliendo por ahí a cosecharlas, sino cultivándolas.
De hecho, con esa idea se las introdujo. Aunque, claro, nadie contaba con que
se escaparan.
ALGUNOS BICHOS DE
AGUA DULCE (QUE NO SON PECES)
La almeja asiática
(Corbicula fluminea) es un bivalvo que
llegó al país proveniente del sureste asiático en los años 70.
En su larga historia evolutiva, el género Corbícula se ha bancado casi todo: hasta la extinción de los dinosaurios (en Río Negro tenemos corbículas en el ANP Paso Córdoba, en depósitos de 80 millones de años [113]). A la especie Corbicula fluminea la tenemos en el río Negro desde hace poquito, desde los años 90. Es una de las especies invasoras de agua dulce más ampliamente distribuidas a nivel mundial. El bicho lo altera todo: desde el flujo de energía, pasando por el ciclo de nutrientes, hasta la penetración de la luz en la columna de agua. Concretamente, la bioturbación que causan estos bichos produce la resuspensión de sedimento rico en fósforo y calcio, lo que potencia el proceso de invasión en un ciclo de retroalimentación positivo, virtuoso para la especie (y desastroso para el resto).
Los impactos sobre la biota y la calidad del agua en la que
habitan estas almejitas son tan variados que merecieron una tesis doctoral
entera: la de Yeny Labaut Betancourt, una compañera del instituto en el que trabajo: el Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología, IIPG.[114]
Yeny publicó, junto con Pablo Macchi (IIPG), Fernando Archuby y Gustavo Darrigan, los
dos últimos de la Universidad Nacional de La Plata y directores de su tesis doctoral,
parte de los resultados de su investigación, concretamente, aquella referida al
efecto de homogenización de las asociaciones de macroinvertebrados y la pérdida
de especies nativas.[115]
Una de las conclusiones a las que arribó Yeny, quizás no la más importante pero que aquí me interesa destacar, es que la invasión
de la almeja asiática en la cuenca del río Negro está vehiculizada por la
actividad de los pescadores que utilizan este bicho como carnada viva. Ya
comenté que de esta forma habría llegado al río negro el pez Astyanax, y al país el caracol gigante
africano.
El alga Didymo[116]
(Didymosphenia geminata) es un alga microscópica
unicelular del grupo de las diatomeas. El tema de las clasificaciones
biológicas es todo un lío, pero digamos que se incluye a las diatomeas en el
amplísimo grupo de los protistas. La llamamos alga pero hay que tener cuidado porque bajo el
rótulo de alga solemos meter cosas muy diferentes.
Las diatomeas habitan aguas dulces y saladas (forman parte
del fitoplancton) y brindan servicios ecosistémicos fundamentales: fijan hasta
un 20% del CO2 atmosférico y producen
hasta un 25% del O2 del planeta.
En nuestra provincia, en Ingeniero Jacobacci, tenemos depósitos rocosos de diatomeas fósiles de agua dulce de una antigüedad de 15 a 20 millones de años. Esas rocas, llamadas diatomitas, muy conocidas por todes porque se venden como piedras sanitarias o «piedras para gatos», se utilizan también como absorbentes de derrames industriales.
El alga Didymo habita
en cuerpos de agua dulce de bajas temperaturas y pobres en nutrientes (oligotróficos es el nombre técnico que
reciben estos cuerpos de agua). Se adhiere a las rocas sumergidas y de ahí el
nombre de fantasía que le han puesto: «moco
de roca».
Es originaria del Hemisferio Norte y actualmente se
distribuye en todos los continentes excepto África, Antártida y Oceanía. Los
primeros registros en Argentina datan de 2010 y corresponden a la provincia de Chubut, más precisamente al tramo
inferior del río Futaleufú.[117].
(Es posible que hayan estado desde antes pero que no se las haya detectado por no haber producido «floraciones», es decir, proliferaciones masivas
ocasionales, que, en el caso de la Didymo, no coinciden con un exceso de nutrientes como en otras algas.[118] [119])
En Río Negro tenemos «moco de
roca» desde 2011. En enero de 2013
llega al lago Nahuel Huapi, más precisamente a Bahía Serena, a la altura del km
13: se trata del primer registro de esta alga en un lago sudamericano.
Algunas de sus características y su alta capacidad
reproductiva la vuelven adaptable a condiciones cambiantes. Pero claro, estas
particularidades hacen que, cuando se producen las mentadas «floraciones», ocurra toda una serie de trastornos: alteración de los procesos
físicos y biogeoquímicos del ambiente, retención de sedimentos, alteración de
la hidrodinámica de los cursos de agua, cambios en el pH (el grado de acidez o
alcalinidad de una solución o sustancia), lo que influye en la disponibilidad
de nutrientes para otras algas, y aumenta la posibilidad del desplazamiento de
comunidades nativas, de algas y macroinvertebrados, afectando así toda la
cadena trófica. Siempre en épocas de «floraciones», la Didymo puede provocar la
obstrucción de los filtros de las tomas de agua y hasta perjudicar la
generación de energía hidroeléctrica.[120]
Pablo Macchi, quien es coordinador de un equipo de trabajo que
se ocupa del avance de esta alga, destaca además el impacto sobre las
poblaciones de salmónidos… que son peces del Hemisferio Norte introducidos adrede
con el propósito de ser matados o estresados por el placer de matar o estresar (ya me ocupé de los
salmónidos hace un rato).[121]
Por eso, por el impacto económico que causa o podría causar
(recordemos que en Bariloche solo la pesca con mosca —sobre todo de truchas— mueve unos 7 u 8 millones de dólares anuales[122]),
esta diatomea genera preocupación gubernamental (de otro modo es difícil que
genere preocupación). En Río Negro tenemos la Ley N° 4801/2012 que busca evitar
el avance y dispersión de la Didymosphenia
geminata, para lo cual destina el 5% de lo que la provincia recibe en
concepto del Fondo Nacional Pesquero (Art. 5). Ignoro cuál será el impacto que
tendrá sobre la coparticipación de ese Fondo Nacional Pesquero la invasión libertaria que asuela nuestro querido país, pero bueno, hoy por hoy es de ahí de
donde salen los fondos para frenar el avance del «moco de roca».
UN SOLA AVE
La codorniz de California (Callipepla californica). Como comenté en una nota al final del posteo (nota N° 7), la Resolución 195-2023 de la Secretaría de Ambiente y Cambio Climático de la provincia de Río Negro permite la «caza deportiva» de esta galliforme introducida (al menos lo permitía en 2023 y 2024). En los considerandos de esta resolución se establece que, para confeccionar la lista de especies matables, se deberá prestar particular atención a las especies circunstancialmente perjudiciales para el ambiente y/o las actividades productivas. Por lo tanto, supuse que, al figurar en la lista provincial de bichos asesinables, la codorniz de California era perjudicial para el ambiente, etc. Pero fui al Sistema de Información de Biodiversidad de Parques Nacionales (SIB) y me encontré con esto: «Es difícil decir cuál será el impacto ecológico de esta especie, pero es probable que resulte poco significativo.»[123] En Chile se piensa —no sé con qué fundamento— que compite con la perdiz chilena (Nothoprocta perdicaria).[124] Aquí, en Río Negro, no se piensa nada, pero por las dudas aplicamos el principio precautorio de reventarlas.
ALGUNOS MAMÍFEROS
Neovison vison, o visón americano (en realidad,
norteamericano) es el carnívoro invasor más ampliamente distribuido en la
región y uno de los más estudiados.[125]
Es un mustélido, grupo llegado a América del
Sur hace unos 6 millones de años, en el contexto del llamado Gran Intercambio
Biótico Americano (GIBA).[126]
Fruto de la diversificación de esos mustélidos originarios, en Patagonia
tenemos tres mustélidos nativos: el huillín (Lontra provocax) (emblema del Parque Nacional Nahuel Huapi), el
huroncito patagónico (Lyncodon
patagonicus) y el hurón menor o grisón (Galictis
cuja).
Como dije, el visón americano es originario de América del Norte. Lo trajeron a Argentina en la década del 30 empresarios visionarios interesados en explotar sus pieles. En Río Negro funcionó un criadero hasta la década del 70. Primero funcionó en Patagones entre los años 1965 y 1974, y luego se trasladó a Viedma entre 1974 y 1975. A ese criadero no le fue bien económicamente y cerró, quedando librados a su suerte muchos visones.
Hoy el bicho está en todo el valle inferior del río Negro y en
un sector del valle medio. También está en la cordillera, donde su presencia
fue documentada por primera vez en la década del 80. En Chubut también está —sobre todo en el valle inferior del río Chubut—, y en la costa atlántica de la Isla Grande de Tierra
del Fuego.
El visón americano posee una alta tasa de reproducción
y una gran capacidad para colonizar nuevos ambientes. Es un depredador
generalista, es decir que preda casi cualquier cosa.[127]
En Argentina está presente en al menos 7 área naturales protegidas.[128]
Se piensa que la expansión de la carpa desde Luis Beltrán a comienzos de este siglo, pudo favorecer la expansión territorial del visón. El fundamento
es que, como se ve en Europa, las carpas son un componente importante de las
dietas de los visones. Esto mismo lo comenté antes cuando me referí a estos
ciprínidos. Mencioné que este dato estaba en el trabajo sobre el visón de
Mauricio Failla y Laura Fasola. Mauricio (Patagoning Turismo) y Laura
(Administración de Parques Nacionales) son quienes han seguido más de cerca el
avance de estos mustélidos norteamericanos en nuestra provincia. De hecho, casi
toda la info que recogí sobre el bicho en cuestión, la tome prestada del
trabajo de estos autores.
El conejo europeo (Oryctolagus cuniculus)[129]
es, al igual que los demás conejos y las
liebres, del grupo de los lagomorfos. NO son roedores, si bien lagomorfos y
roedores forman parte del grupo de los glires (clado Gliriformes).
En América del Sur hay conejos nativos, pero estos no llegan
a Patagonia. Tenemos a los tapetíes (Sylvilagus
brasiliensis) que alcanzan hasta en el norte argentino.[130]
En realidad, los lagomorfos arribaron a América del Sur no hace mucho
(geológicamente hablando): lo hicieron en algún momento del
Plioceno-Pleistoceno, en el marco del GIBA.[131]
En aquel momento, su entrada al continente no estuvo exenta de impacto. De
hecho, se piensa que pudieron contribuir, junto con ciertos grupos de roedores,
a la extinción de los paquirruquinos, ungulados de modesto tamaño de aspecto
rodentiforme exclusivos de América del Sur.
Los Oryctolagus cuniculus son oriundos de la región mediterránea de Europa, particularmente de la península ibérica, de ahí que también se los conozca como «conejos de Castilla».[132] [133] Se meten en todos lados, incluso en las plantaciones de pinos. Son de hábitos gregarios y forman colonias numerosas en madrigueras subterráneas (cámaras unidas por largos túneles).[134] Por año puede producir 5 a 7 camadas de 1 a 9 crías cada una. Es un herbívoro generalista pero prefiere las gramíneas, las que representan casi la mitad de su dieta[135].
Compite con los herbívoros nativos o con el ganado doméstico,
causando un impacto mayúsculo en los campos productivos. Prefieren moverse por campos sobrepastoreados
por otros bichos, ya que los pastos bajos les permiten visualizar
mejor a los predadores.[136]
¿Cómo llegaron hasta acá estos conejitos? No se sabe bien cómo pero se sospecha cuándo y de dónde. Se los vio por primera vez en 1945 en cercanías de Andacollo, posiblemente llegados desde Chile, y desde allí se dispersaron por Mendoza y el resto de Neuquén. En un artículo de 2009, Never Antonio Bonino, de INTA Bariloche, tal vez el «conejólogo» más importante de Argentina, no informa la presencia de conejos europeos en Río Negro, pero en una entrevista realizada en 2015, el propio Bonino da cuenta de que los conejos ya están a las puertas de la provincia. [137] Por último, en un libro de 2023 de la Sociedad Argentina para el Estudio de los Mamíferos (SAREM), ya se dice que el conejo europeo está en «todas las provincias patagónicas», así como también en Mendoza y en San Juan. Y se agrega: a una tasa de 10 km al año.[138] [139]
En Río Negro se permite la matanza de conejos por Res. SAYCC
195/2023.
La liebre europea (Lepus europaeus)[140]
es el otro lagomorfo invasor que tenemos en Río Negro. Es de un tamaño mayor
que el conejo europeo y de orejas más largas (a diferencia del conejo, en la
liebre las orejas sobrepasan la longitud de la cabeza[141]).
También a diferencia del Oryctolagus
cuniculus, el Lepus europaeus es
solitario y no excava madrigueras. Posee hábitos crepusculares y nocturnos.
Como su nombre lo indica, la liebre europea es oriunda de
Europa, así como de ciertos lugares de Asia. ¿Cómo y cuándo llegaron hasta
Argentina? La historia es bien conocida. En 1888 fueron introducidas desde
Alemania con fines cinegéticos (de caza) en la provincia de Santa Fe (más
precisamente en Cañada de Gómez).[142] [143]
En 1897 se soltaron otras en Tandil provenientes de Francia, y luego en 1930
otras en Santa Cruz, vaya uno a saber provenientes de dónde.[144]
Hoy, obvio, andan por todos lados.
Se acusa a la liebre de desplazar a varias especies, entre otras al
principal conejo nativo de América del Sur: el tapetí (Sylvilagus brasiliensis, que, como dije, no llega a Patagonia). En
Río Negro, como en el resto de la Patagonia, podrían competir con dos roedores
de los nuestros: el chinchillón o pilquín (Lagidium
viscacia) y la mara (Dolichotis
patagonum).[145] [146]
Y si compiten, la de afuera gana, pónganle la ficha.
OTROS DOS MAMÍFEROS (LOS
REGALITOS DE PEDRO LURO)
El jabalí (Sus scrofa) es básicamente un cerdo
salvaje; de hecho, algunes científiques clasifican a los cerdos domésticos como
una subespecie de jabalí: el Sus scrofa
domestica. El jabalí sería al cerdo doméstico lo que el lobo (Canis lupus lupus) al perro (Canis lupus familiaris), o el tarpán (Equus ferus ferus) al caballo doméstico (Equus ferus caballus).
El jabalí es originario de Eurasia y el norte de África. En América
del Sur no tenemos cerdos nativos. Sí tenemos a los pecaríes (del grupo de los
tayasuidos, que no llegan a Patagonia), que conforman junto con los cerdos
(jabalíes incluidos) el amplio grupo de los suinos. Los pecaríes (y por ende
los suinos) arribaron a América del Sur bien temprano en el GIBA, justo cuando en
África surgían los primeros miembros del género Homo,[147]
hace unos tres millones de años, en el Plioceno tardío.[148]
Esos mismos Homo,
tres millones de años luego de haber surgido, son los que introducirán a los suinos en la Patagonia.
Olvidándonos de los cerdos domésticos que seguramente entraron con los colonos,
nuestro cerdo salvaje, el jabalí, fue introducido en Argentina, específicamente
en la provincia de La Pampa, en 1909.[149] [150]
Lo hizo el empresario Pedro
Olegario Luro Pradère, fundador del primer coto de caza de nuestro país.[151] Entre
1917 y 1922 algunos de estos bichos fueron transportados hacia la Estancia
Collun-co, en Neuquén. En 1931, por accidente (accidente que tarde o temprano
iba a ocurrir; «la vida se
abre camino», diría Ian Malcolm),
estos animales quedaron en libertad.[152]
Otros fueron llevados a distintos campos cercanos al Nahuel Huapi, y de allí se
escaparon, en 1914. Hoy andan a sus anchas por todos lados.
Lo introdujeron para cazarlo y hoy lo cazan para controlarlo: una jugada redonda de los cazadores.[153]
Nada bien, corre mejor, y come un poco de todo. Vive en
grupos de hasta 20 individuos. En Abya Yala el jabalí no conoce depredadores
naturales (en Europa sí: el lobo[154]).
Esto, sumado a una alta tasa reproductiva (antes del año ya están
reproduciéndose, y lo hacen todo el año[155])
y una gran capacidad de desplazamiento, es la clave que explica su actual descontrol
poblacional. Descontrolados poblacionalmente, los jabalíes causan impactos en
el suelo por medio de las «hozadas» u «hozaduras» (remoción del suelo en busca de alimento),
y en los cuerpos de agua, alterando su calidad. También parece que impactan en
las poblaciones de ñandúes.[156]
Como mencionaba en una nota al final del posteo (nota N° 7), en Río
Negro existe un régimen de caza comercial que comprende a tres especies
consideradas «perjudiciales», sin límite de piezas, entre ellas
el jabalí (las otras son el ciervo colorado y el ciervo dama).
A los jabalíes se los persigue y caza normalmente empleando perros, pero
esta modalidad es muy resistida por les defensores de los derechos de los
perros. Como comenté en mi digresión chancheril del comienzo del posteo, hubo
en Río Negro una polémica con relación a este punto (con audiencia pública y
todo), que demoró el inicio de la temporada de caza 2023.[157]
Sostienen les defensores de los perros que estos son sometidos a maltrato por
los cazadores (no les dan de comer los días previos a la caza, entre otras
torturas) y son expuestos a un grave peligro durante la caza misma (porque
los jabalíes no se dejan cazar y se defienden: no son boludos).
Obviamente, el colectivo de los cazadores se opone a la
prohibición de usar perros en sus correrías.[158]
Dicen que si hieren de un tiro a un jabalí y el jabalí herido escapa, los
perros podrían rastrearlo, de manera de poder rematarlo y así evitarle un
sufrimiento innecesario. Y además los cazadores dicen que andar tirando tiros
por el medio del campo es arriesgado (para la gente, no para los jabalíes).
Como comenté al principio, nadie se pone en el lugar de los
jabalíes: les defensores de los perros porque no ven nada de malo en andar matando
jabalíes a los cuetazos; les conservacionistas porque no ven nada de malo en
andar matando jabalíes por el bien superior del ecosistema; los cazadores,
bueno, tampoco ellos.
Tampoco el gobierno de Río Negro piensa mucho en estos
bichos. O sí. En la Legislatura hay aprobado en primera vuelta un proyecto
de ley (725/23) otorgando el carácter provincial a la «Fiesta del Jabalí al Asador», en Guardia Mitre. Proyecto que seguramente será sancionado
porque es impulsado por el partido de Weretilneck.
Para poner a la gente de su lado, tal vez haga falta que Disney haga una película con un jabalí bueno. [Bueno, ya lo hizo: Pumba es un suino: un facóquero o «jabalí verrugoso» (Phacochoerus africanus).]
A los que sí Disney les dedicó una película es a los
ciervos, más precisamente a un ejemplar juvenil de «ciervo de cola blanca» o «ciervo de Virginia» (Odocoileus virginianus).[159] Pero acá no tenemos a ese. Tenemos a otro que se ubica en el otro extremo del árbol evolutivo de los cérvidos: me refiero a nuestro ciervo
invasor estrella: el ciervo colorado
(Cervus elaphus).[160] Así como une la ve, tan querible, esta especie se encuentra entre las catorce
especies de mamíferos invasores más «dañinas» reconocidas por la Unión Internacional para la
Conservación de la Naturaleza (IUCN).[161]
Como grupo, los cérvidos están en América del Sur desde hace 2,5—3 millones de años.
Llegaron más o menos para la misma época que los cerdos, siempre en el contexto
del GIBA.[162] Arribaron en patota al menos ocho
formas distintas de cérvidos y aquí continuaron evolucionando, multiplicando su
número de especies. Algunas de esas especies llegaron hasta Patagonia: hoy
tenemos aquí al huemul (Hyppocamelus
bisulcus) y al pudú (Pudu puda): nuestros
cérvidos patagónicos nativos.
Aquellos
cérvidos del Plioceno ingresaron sin que nadie los obligara, pero al colorado
lo trajeron contra su propia voluntad. Fue introducido en la provincia de La
Pampa por Pedro Luro en 1909 (el mismo de los jabalíes),[163] y
luego al suroeste de Neuquén junto con otras tres especies de ciervos. De los
ciervos escapados de los cotos de caza (porque obviamente hubo algunos que se escaparon, y de las tres especies), solo los colorados consiguieron hacer
pie y dispersarse ampliamente. (Les científiques descuentan que pronto se
expandirán hacia la estepa, debido a la ausencia de barreras naturales.[164])
Lo que obviamente no resultó gratis en términos de impacto ambiental. El ciervo colorado altera la estructura y dinámica de la comunidad de plantas a través de la herbivoría y actividades asociadas como el pisoteo, raspado, descortezado, defecaciones y orina. En comunidades de bosques, a altas densidades (y el colorado alcanza densidades que no alcanzan otros cérvidos nativos), el Cervus elaphus inhibe el crecimiento de las especies arbóreas dominantes, altera la composición de especies, simplifica la estructura vertical de las comunidades y facilita la invasión de plantas exóticas.[165] Solo como ejemplo: en la Isla Victoria, se ha visto que, allí donde abunda el colorado, el sotobosque, que alcanza una altura promedio de 60 cm, está dominado por especies que no son consumidas por el ciervo; en cambio, donde no hay ciervos, el sotobosque alcanza los 130 cm promedio, y está dominado por especies que el ciervo consume (como el maqui y la parrilla) y no pisotea (como el amancay).[166]
Ahora bien, esos impactos causados por el colorado no obedecen per se al hecho de ser invasor. Según un estudio reciente publicado en la prestigiosa revista Science, del que participó Patricio Pereyra del Centro de Investigación Aplicada y Transferencia, Tecnológica en Recursos Marinos Almirante Storni (CIMAS) de San Antonio Oeste, el impacto de los megaherbívoros en general sobre las comunidades de plantas depende de los «rasgos funcionales» del bicho, más que de su condición de invasor o nativo.[167] El foco, entonces, debemos ponerlo en los rasgos funcionales del ciervo colorado: ¿qué lo hace tan dañino al ciervo colorado cuando invade?
En primer lugar, al bicho le viene bien casi cualquier
ambiente: habita en bosques de coihues o cipreses, en la zona de ecotono, en
matorrales de radales y maitenes, en la estepa. También en montes de coníferas
introducidas.
En segundo lugar, come un poco de todo: gramíneas y
especies leñosas, arbóreas o arbustivas. Se ha visto que el ramoneo del ciervo
colorado puede reducir la abundancia del maqui (una planta nativa, Aristotelia chilensis), y así
indirectamente afectar la interacción entre el picaflor rubí (Sephanoides sephaniodes),
el quintral (Tristerix
corymbosus), y el monito del monte (Dromiciops gliroides).[168]
El colorado compite por el alimento con los ciervos nativos,
como el Pudu puda y el Hyppocamelus bisulcus. La cosa es saber hasta qué
punto compiten cuando están en simpatría (es decir compartiendo el mismo lugar). En el
caso del huemul se sabe que sus dietas se superponen parcialmente, aunque parece que el
ganado doméstico, sobre todo el ovino, impacta más sobre esta especie que el
ciervo colorado.[169] [170]
A los pumas (Puma
concolor) no se los ve muy preocupados por la invasión de los ciervos colorados. Por el contrario: se los ve chochos, ya que representan uno de los principales platillos de su dieta.
Como comenté en una nota al final del posteo (nota N° 7), en Río Negro al
ciervo colorado lo comprende el régimen de caza comercial para especies
consideradas «perjudiciales» sin límite de piezas (Res.
SAyCC N° 2023-87 que abre la temporada de caza comercial 2023 en la provincia).
No sé si esto lo hacen todos los años (lo anunciaron al
menos en 2024), pero entre febrero y diciembre todo un sector del Parque
Nacional Nahuel Huapi (el sector sudeste) se cierra al público y se convierte en un coto de caza: se cierran los senderos al público y se libera la zona para los
cazadores. [171]
Me hace ruido esto. Muchísimo ruido.
La culpa no la tiene
el chancho, ok, pero entonces, ¿qué hacemos con los chanchos?
Ni idea. Lo digo en serio.
Es claro que no hacer nada es condenar a la extinción o extirpación a muchas de las especies nativas que viven
en las zonas invadidas. Pero apostar francotiradores en mangrullos o refugios con
cebaderos para que practiquen tiro al blanco con los jabalíes y ciervos axis (Axis axis), u organizar partidas de
guardaparques armados, aunque sea con municiones «no contaminantes»,
con el propósito de controlar las poblaciones de esos animales, me parece sencillamente un horror. Esto, precisamente,
es lo que hicieron en el Parque Nacional El Palmar (Entre Ríos) (Res. 289/2019 de
Administración de Parques Nacionales), con muy buenos resultados, hay que
decirlo.
Vuelvo a los trabajos de Gaby Klier y Constanza Rendón buscando
algo de luz. No la encuentro. Mejor dicho, no encuentro una respuesta a la
pregunta de qué hacer con los chanchos.
Pero leo a Gaby en una entrevista que le hicieron para «El Cordillerano» y encuentro algo, que más que un qué
hacer es un qué no hacer: «salir
a matar a todos (Gaby se refiere a los ciervos, no a los chanchos, pero para el
caso es lo mismo) no es la solución».[172]
Suscribo 100%. El entrevistador agrega, como cosa suya: «no hay salidas fáciles».
Pero hay que encontrarle la vuelta, pienso yo; algo deberá ocurrírsenos.
Si la «justificación
ecológica» de la caza es, al
menos, discutible, su «justificación
económica» es inadmisible. No
se puede justificar la caza y la pesca recreativa simplemente porque mueve la
economía. En este sentido, va siendo tiempo de cuestionar con mayor ímpetu un
modelo de desarrollo local que tiene a la caza y a la pesca recreativa como pilares. Bah, eso si queremos reconstruir los lazos que nos unen al resto
de las especies: volver a sentirnos parte de la Naturaleza.
Extractivismo e
invasión de especies
Parece que no, pero este asunto de las invasiones biológicas
tiene mucho que ver con el extractivismo.
Más arriba hablé de la «megapinería» y de la responsabilidad que les cabe a
las corporaciones forestales por la invasión de pinos y otras especies de
coníferas exóticas: aquí hay una vinculación bastante directa entre una cosa y la otra.
Menos directo es tal vez el impacto que causan aquellos
proyectos extractivistas, la instalación de cuya infraestructura trae aparejada una remoción importante de terreno superficial, que crea condiciones que favorecen las invasiones. (Recordemos que
las áreas disturbadas son mucho más invasibles que las no disturbadas.)
Pensemos en un parque eólico, cada uno de cuyos molinos son dispuestos en bases
de cemento excavadas, o en los mismos caminos que unen los molinos, o en los
caminos y locaciones de las áreas petroleras, o en las superficies de terreno
requeridas para la instalación de gasoductos y oleoductos. Con respecto a los
oleoductos, por ejemplo, para el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur, con 600 km por 15
metros de anchura,[173]
se prevé una remoción de 9.000.000 m2, unos 10 km2. No
parece mucho, pero constituye un corredor de 600 km que podría permitir o
facilitar el avance de plantas exóticas de una punta a otra de la provincia. Hay
que decirlo: esto también vale para los bordes de cualquier camino y los taludes de
desmontes. Recientemente, tres investigadoras del CONICET en Bariloche, Giselle
Chichizola, Sofía González y Adriana Rivere, trabajaron este aspecto, evaluando
el rol que juega la construcción de caminos en las invasiones biológicas (que
se suma a la fragmentación del hábitat y a tantos otros).[174]
Ni hablar de los mega emprendimientos inmobiliarios, que causan más impacto que las hozadas de todos los chanchos jabalíes del mundo.
Esto en el ámbito terrestre. En el ámbito marino costero, el
incremento del transporte marítimo incrementa consecuentemente el arribo de bichos de afuera y
termina impactando en las economías locales. Así como desde las asambleas
sostenemos que los derrames de petróleo no son accidentes, no si no se los puede evitar, lo mismo vale para la
introducción de especies exóticas. El transporte marítimo transporta inevitablemente
organismos exóticos potencialmente invasores. Y un bicho marino exótico y
descontrolado poblacionalmente puede causar tanto o más daño que un derrame de
aceite o de petróleo. Aún no sabemos que efectos deparará la babosa tóxica en
nuestras costas, pero seguramente no serán pocos.
En este sentido, el «agua de lastre» que descargarán los buques que lleguen a las costas de Playas Doradas a cargar petróleo crudo o amoniaco líquido o gas natural licuado o cualquier otra mierda química de esas, puede convertirse en un serio problema (un buque carguero puede transportar más de cien mil toneladas de agua de lastre[175]). Obviamente, todo depende de la gestión que se haga de esa agua y de los controles que se realicen, pero en todo el mundo este asunto del agua de lastre se ha mostrado muy difícil de controlar de forma efectiva. Ya vimos cómo se supone que llegó a Puerto Madryn el alga wakame, desde Marsella o desde donde haya venido.
Hay en Argentina unas 54
especies marinas introducidas, la mayoría en las costas de la provincia de
Buenos Aires y el norte de Patagonia, y se presume que un buen porcentaje de
ellas fueron introducidas por buques cargueros, posiblemente contenidas en agua
de lastre, o incrustadas en sus cascos.[176] No estamos tan
mal como en la bahía de San Francisco, en California, donde se han
registrado hasta unas 450 especies introducidas de esta manera.[177] Pero démonos tiempo.
Actualmente, existe un
Convenio sobre la gestión del agua de lastre (BWM, Ballast Water Management), que entró en vigor en 2017, y que logró
abarcar el 90,98% del transporte marítimo a nivel mundial. Ese
convenio obliga a que, antes de agosto de 2024, los buques sin un sistema de
tratamiento de agua de lastre deban instalar uno para eliminar y destruir
organismos biológicos antes de su descarga (hablo de los buques de los estados
parte. EEUU no lo es; posee sus propias regulaciones). Además, cada buque debe
tener un Plan de Gestión del Agua de Lastre y bancarse las inspecciones de las
autoridades portuarias locales, que en nuestro país es la Prefectura
Naval Argentina.[178]
Si los buques son los
principales vectores de especies exóticas marinas, entonces, lógicamente, los
puertos son su principal vía de entrada. Argentina cuenta con una Estrategia
Nacional sobre Especies Exóticas Invasoras (EEI), y en el marco de esa
estrategia se desarrolló un Sistema de detección temprana, acción precoz y
prevención de la dispersión de EEI marinas en puertos y zonas aledañas.[179]
Pero la detección temprana es atajar el problema antes de
que se desmadre. OK, es mejor atajar temprano un problema que no atajarlo, pero
no deja de ser un parche. Y hablando de atajar: confiar 100% en la detección
temprana es como confiar en que el arquero de tu equipo ataje todos los penales:
todos no los va a atajar, hay que tratar de no cometerlos. Y aun así se cometen
penales.
[2] La castración o mutilación reproductiva, o algún otro método de esterilización, es una opción
intermedia que las sociedades urbanas han encontrado para la multiplicación de
perros y gatos callejeros, pero definitivamente no podría aplicarse a jabalíes,
visones y liebres. O sí, no lo sé. Al menos no ha funcionado con los hipopótamos de Pablo Escobar Gaviria.
[3] Rendón, C. y Klier, G. R. 2017. El olvido del
organismo: un análisis de las concepciones acerca de lo vivo y su valor en la
biología actual. Scientiae
Studia 15 (2): 459—487;
Klier, G. R. 2018. Tiempos modernos: un análisis sobre los discursos de la biología de la
conservación. Tesis Doctoral. Facultad de Ciencias Exactas y Naturales.
Universidad Nacional de Buenos Aires. 20 pp.
[4] https://www.explora.cl/coquimbo/columna-de-opinion-animalistas-o-ambientalistas-no-todo-lo-que-brilla-es-oro/
[6] https://www.noticiasnet.com.ar/noticias/2023/05/19/128930-ya-es-oficial-prorrogaron-la-caza-de-jabalies-con-perros-y-su-prohibicion-se-debatira-el-ano-que-viene; https://www.noticiasnet.com.ar/noticias/2024/02/18/148462-prorrogaron-la-temporada-de-caza-deportiva-mayor-y-menor-en-la-provincia
[7] En Río Negro, existe un régimen de caza comercial que comprende a solo tres especies consideradas «perjudiciales» sin límite de piezas: el jabalí (Sus scrofa), el ciervo colorado (Cervus elaphus) y el ciervo dama (Dama dama) (ver Res. SAyCC N° 2023-87 que abre la temporada de caza comercial 2023 en la provincia.[7]) Con respecto a la «caza deportiva», mayor o menor (solo con fines recreativos), los permisos son otorgados para estas tres y otras especies, como la palomas torcaza (Zenaida auriculata), la única nativa de la lista,[7] la liebre europea (Lepus europaeus), la codorniz de California (Laphortyx spp), el conejo silvestre (Oryctolagus cuniculus), y el visón americano (Mustela vison) (ver Resol-2023-195-E-GDERNE-SAYCC#SGG que abre la temporada de caza 2023)
[10]
Núñez, C. I. y Núñez, M. A. 2007. Coníferas exóticas en Patagonia: ¿potencial
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[12] Macchi, P. J. y Vigliano, P. H.
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[13]
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[15] https://www.rionegro.com.ar/rosa-mosqueta-una-especie-que-atenta-contra-la-ganaderia-CY6032444/#:~:text=Pese%20a%20sus%20usos%20en,animales%20beben%20y%20se%20alimentan.
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[17] https://rosapatagonica.com.ar/rosa-mosqueta-4/;
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[18] https://bolsonweb.com.ar/rosa-mosqueta-el-famoso-fruto-cordillerano-que-tantos-beneficios-nos-otorga/
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[23] https://www.rionegro.com.ar/estudian-como-controlar-especies-invasoras-para-prevenir-incendios-en-patagonia-1937635/
[24] http://sobrelatierra.agro.uba.ar/progresan-en-el-conocimiento-para-combatir-las-invasiones-biologicas-en-la-patagonia/
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Damascos y Gallopin, 1992.
[26] https://www.rionegro.com.ar/rosa-mosqueta-una-especie-que-atenta-contra-la-ganaderia-CY6032444/
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[34] https://www.rionegro.com.ar/estudian-como-controlar-especies-invasoras-para-prevenir-incendios-en-patagonia-1937635/
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[38] https://www.anbariloche.com.ar/noticias/2023/09/18/91156-realizaron-una-jornada-de-extraccion-de-especies-exoticas-invasoras
[39] https://revistanyt.com.ar/online/el-tojo-un-enemigo-espinoso-de-la-biodiversidad-nativa/; https://www.gisp.org/publications/invaded/gispSAmericasp.pdf
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[41] Fulvio
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[43] https://www.rionegro.com.ar/ciencia/el-rio-negro-esta-siendo-alterado-por-el-avance-de-las-especies-invasoras-2454798/
[45] Quiroga, M. P., Vidal Russell, R., Núñez, C., Fernández Cánepa, G. y
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[52]
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[53] https://www.wrm.org.uy/es/articulos-del-boletin/megapineria-en-la-patagonia-argentina-invasion-territorial-incendios-y-falta-de-agua
[54] https://www.clarin.com/sociedad/petroleras-plantan-arboles_0_By-W9Xby8nx.html;
https://mase.lmneuquen.com/vaca-muerta/neuquen-y-vista-impulsan-proyectos-captura-carbono-n1094962
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[56] https://www.rionegro.com.ar/sociedad/alarma-por-la-creciente-presencia-de-plantas-exoticas-en-la-montana-2881146/
[57]
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[63]
Masciocchi, 2018.
[64]
Masciocchi, 2018.
[65] https://www.infobae.com/2016/02/23/1792166-preocupacion-tierra-del-fuego-la-invasion-una-especie-avispas-carnivoras/
[66] https://nexciencia.exactas.uba.ar/chaqueta-amarilla-avispas-tierra-del-fuego-luis-quesada-allue
[68]
Macchi y Vigliano, 2014.
[69] https://www.rionegro.com.ar/en-carretas-y-hace-100-anos-llegaron-las-truchas-a-la-patagonia-HYHRN0403042304710/
[71] https://es.mongabay.com/2020/06/argentina-cuarentena-impide-que-ranitas-de-valcheta-vuelvan-a-su-hogar/
[72]
Sin duda es muy destacable el esfuerzo que realiza el gobierno junto con algunas
fundaciones ecologistas por preservar a las ranitas (https://ambiente.rionegro.gov.ar/?contID=77613&catView=254)
y las mojarras (https://www.rionegro.com.ar/al-rescate-de-la-mojarra-desnuda-asi-trabajan-para-evitar-su-extincion-1130471/),
pero hasta tanto las truchas y las mojarras plateadas sigan ahí, la amenaza
permanecerá. Ah, y también que la Secretaría de Minería de la provincia la corte con seguir otorgando permisos
de cateo dentro del ANP.
[73] https://www.rionegro.com.ar/al-rescate-de-la-mojarra-desnuda-asi-trabajan-para-evitar-su-extincion-1130471/
[74]
Dato proporcionado por Relva et al.
2014, válido para ese año.
[75]
Relva et al., 2014.
[76] Soricetti,
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[78]
Soricetti, 2022, p. 50.
[79] https://weekend.perfil.com/noticias/pesca/pesca-de-carpas-una-especie-que-genera-indiferencia-amor-y-odio.phtml
[80]
Rauque et al., 2027, p. 39.
[81] Failla,
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[82]
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[84] Ares, R. 2019. La Conducta de las Plantas. Vázquez Mazzini Editores, p. 160. https://www.fundacionazara.org.ar/img/libros/la-conducta-de-las-plantas.pdf
[85] Soricetti, 2021, p. 19.
[86] Soricetti, 2021, p. 163.
[87] https://verdeyazul.diarioinformacion.com/por-que-la-carpa-es-una-especie-danina-para-los-habitats.html
[88] Soricetti, 2021, p. 162.
[89] https://www.rionegro.com.ar/sociedad/pesca-de-carpa-la-actividad-deportiva-que-busca-traccionar-turistas-en-roca-2580334/
[90] Soricetti, 2021, p. 164.
[91] https://www.rionegro.com.ar/ciencia/el-rio-negro-esta-siendo-alterado-por-el-avance-de-las-especies-invasoras-2454798/
[92] https://www.rionegro.com.ar/al-rescate-de-la-mojarra-desnuda-asi-trabajan-para-evitar-su-extincion-1130471/
[93] Fulvio Perez, C. 2008. Fish,
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[95] https://www.rionegro.com.ar/ciencia/como-se-podria-aprovechar-el-alga-que-invadio-las-costas-argentinas-3254574/
[100] https://ri.conicet.gov.ar/bitstream/handle/11336/46013/CONICET_Digital_Nro.7d325589-c3c3-429e-bc07-bc71bd75ad95_A.pdf?sequence=2&isAllowed=y
[101] https://www.pagina12.com.ar/520384-alerta-por-la-presencia-de-una-babosa-toxica-en-las-playas-d
[104] https://www.vetcomunicaciones.com.ar/page/cientifica_tecnica/id/368/title/Primer-caso-de-posible-intoxicaci%C3%B3n-canina-por-neuro-toxinas-de-la-babosa-de-mar-moteada-(Pleurobranchaea-maculata)-en-Puerto-Madryn
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[122] https://www.rionegro.com.ar/sociedad/voy-turismo/comienza-el-tiempo-de-la-pesca-deportiva-que-mueve-la-economia-de-bariloche-3226334/
[125] Failla, M. y Fasola, L. 2019. Visón americano: un
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ese GIBA, recomiendo el video del canal de YouTube «Caminos de la Tierra»,
que aborda ese tema: https://www.youtube.com/watch?v=9_WTYZbrnak
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[136] Bonino, 2009.
[137] https://www.rionegro.com.ar/impacto-economico-y-ambiental-del-conejo-silvestre-europeo-en-neuquen-NRRN_7733971/
[138] https://www.sarem.org.ar/wp-content/uploads/2021/04/SAREM-Lagomorpha-Introduced-Invasive-Mammals-of-Argentina-2023.pdf
[139] Bonino, 2009.
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