LISTA DE ESPECIES AMENAZADAS DE RÍO NEGRO

Mojarrita desnuda (Gymnocharacinus bergii). Fuente: 

https://weekend.perfil.com/noticias/naturaleza/salvemos-a-la-mojarra-desnuda.phtml 


La lista se compone de aquellas especies que están oficialmente amenazadas (aquellas sobre las que el gobierno provincial o nacional dictaron normas específicas para su conservación, o que fueron incluidas en Listas Rojas oficiales de especies amenazadas), y de otras que no están oficialmente amenazadas pero lo están de todos modos (de acuerdo con organizaciones no gubernamentales, como la Asociación Herpetológica Argentina[1], o mixtas, como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza[2]), o están por estarlo. Si no conté mal, son 30 en total.

Sancionar una ley o emitir un decreto con el objetivo de proteger una especie en particular está bien, pero eso solo no alcanza: si no atacamos la causa de fondo, el sistema socioeconómico que amenaza a esa especie (y al resto de la biósfera), esa medida será solo un parche.

De todas formas, un parche es mejor que nada, y aplaudo que en Río Negro, cada tanto, con mayor o menor entusiasmo, nuestros representantes políticos se acuerden de estas especies.

Comienzo por las especies animales. Antes de eso, y para poner un contexto, hay que decir que hay una ley provincial, la  N° 5.796/2025, sancionada recientemente a partir de un proyecto del Poder Ejecutivo, que establece un Régimen Provincial de Gestión Integral de la Fauna Silvestre, cuyo artículo N° 2 expone algo que me parece verdaderamente nefasto, y es su carácter abiertamente antropocentrista, desde su mismo título, que da por hecho que a la fauna silvestre se la debe gestionar (que la debe gestionar nuestra especie, obviamente para su propio provecho[3]):

«Artículo 2º.- Objetivos. La presente ley tiene como objetivo el manejo sustentable de la fauna silvestre y sus hábitats, asegurando su uso racional y estratégico, contemplando aspectos de subsistencia, económicos, productivos, recreativos y culturales. Dicho manejo garantiza la estabilidad, permanencia, productividad y rendimiento del recurso, preservando su disponibilidad para las generaciones futuras (de Homo sapiens, esto lo agrego yo) y la conservación de reservorios genéticos y de especies cuya utilidad se haya determinado». (Las negritas son mías.)

 

Varios insectos, dos arácnidos y dos caracoles

Que la cucaracha (que es un insecto del orden de los blatodeos) haya sido el único sobreviviente en el mundo post apocalíptico de Wall-E puede dar lugar a un equívoco: no todos los insectos se bancan un planeta tan dañado como el que habita la entrañable Hal. Es más, en muchos lugares de este mundo pre apocalíptico que habitamos, las poblaciones de algunas especies de insectos están disminuyendo dramáticamente, debido a la pérdida de su hábitat, el cambio climático, y el uso de agrovenenos (hay estudios que indican que, en ciertas áreas, esa reducción va del 70 al 90%[4]). Ciertamente debería importarnos la suerte de todas las especies de insectos, pero nos preocupa especialmente el destino de los polinizadores, porque su disminución impacta directamente sobre nuestros cultivos alimentarios (aunque obviamente la polinización comprende también a la flora nativa).

Bien conocida es la grave situación que atraviesa el único abejorro nativo que tenemos en la Patagonia, el Mangangá (Bombus dahlbomii), un habitante de nuestros bosques cordilleranos que está siendo desplazado por otros abejorros exóticos, particularmente Bombus terrestres, una especie introducida desde Chile en 2006, que trajo consigo enfermedades que no estaban antes, y que compite por los recursos con nuestro abejorro nativo (que también está en Chile).[5] No solo al B. dahlbomii le va mal: un tercio de las especies de Bombus está en retroceso en todo el mundo.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) ubica a esta especie en la categoría de En peligro de extinción (así figura en su Lista Roja), con una tendencia demográfica decreciente.[6]

 

 

Abejorro mangangá (Bombus dahlbomii). Foto: John Reynolds. Fuente: https://laderasur.com/articulo/buenas-noticias-para-la-conservacion-del-abejorro-chileno-crean-sistema-que-identifica-su-zumbido-y-lo-diferencia-de-especies-introducidas/?srsltid=AfmBOoqKtSXmpAAlPi0WgV4cXUK-bJaARa6o1TgICDQyPyArOLHpjWor

 

En realidad, no encontré mucho sobre insectos amenazados a nivel provincial. De hecho, hay muy poca información sobre el tema, lo que contrasta con la que hay sobre algunas especies invasoras, las llamadas plagas, o, como se las llama en la funesta Ley N° 5.796 —la del Régimen Provincial de Gestión Integral de la Fauna Silvestre—, especies dañinas o perjudiciales.[7] Eso sí: encontré un interesante artículo de 2005 que contiene un inventario de insectos acuáticos de la meseta de Somuncura, sobre el que quisiera detenerme un minuto.[8]

Ya en la introducción de este trabajo, que fue liderado por el entomólogo Javier Muzón de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV), sus autores se quejan, con justa razón, de la falta de interés por los insectos: «Desafortunadamente, y como habitualmente sucede en la literatura conservacionista (que suele ocuparse mayoritariamente de vertebrados carismáticos, representantes de una pequeña fracción de la biodiversidad de cualquier región dada), la consideración del rol preponderante que ocupan los insectos y otros invertebrados en los distintos ecosistemas continentales y su urgente conservación es prácticamente inexistente».

El inventario contiene unas 78 especies de insectos acuáticos —entre ellas cinco especies nuevas—, 41% de las cuales poseen una distribución patagónica o andina (el resto posee una distribución más amplia).

Destacan los investigadores que la meseta de Somuncura presenta un mayor número de especies neotropicales que otros puntos de la Patagonia.[9] Esto podría deberse a la posición latitudinal de la meseta (ubicada en el norte de la Patagonia), o a la condición termal de sus vertientes. Los autores rematan (p. 61): «El efecto buffer de estas vertientes (su capacidad de amortiguación, aclaro yo) pudo haber favorecido la persistencia relictual de algunas de sus especies evitando las consecuencias de eventos vicariantes pasados»[10]. Más adelante volveré sobre este asunto de las especies relictuales de la meseta de Somuncura.

En cuanto al impacto de las actividades humanas sobre la fauna de insectos del arroyo Valcheta, el cual nace en la meseta de Somuncura y desemboca en la laguna Curicó, unos 20 km al norte de Valcheta, los autores del inventario reportan una disminución dramática de la riqueza específica de varios grupos, entre ellos del de los odonatos —grupo que incluye a las libélulas, dentro de los paleópteros, insectos incapaces de replegar sus alas contra el cuerpo*—, sobre todo entre las cabeceras del arroyo y el tramo que atraviesa la ciudad de Valcheta. Esa disminución podría obedecer a la presencia de truchas, introducidas en el arroyo en 1928.[11] 

 

 

Rhionaeschna absoluta. Una de las libélulas mencionadas en el inventario de insectos de la Meseta de Somuncura. Foto: Natalia Von Ellenrieder. Fuente: https://sib.gob.ar/especies/rhionaeschna-absoluta

 

*En un artículo publicado en la revista Desde la Patagonia: Difundiendo Saberes, del Centro Regional Universitario Bariloche (UNCo), se menciona lo siguiente, hablando específicamente de los odonatos: «su vida como larvas acuáticas, que puede ser bastante prolongada, las expone en gran medida a la posible contaminación ambiental, como la resultante de los desechos provenientes de la actividad minera. Esta exposición podría llevar a las libélulas a actuar como bioacumuladores de sustancias nocivas, que luego se trasladarían al ambiente terrestre al emerger del ambiente acuático al terrestre. Además, los adultos voladores podrían transferir estas sustancias a otros eslabones de las cadenas alimenticias al ser cazados por las aves».[12] (Las negritas son mías.) Aquí, como en todos los casos, no hay que considerar los efectos de la contaminación sólo en el bicho en sí, sino en toda la cadena trófica.

Otro de los insectos acuáticos mencionados en el inventario es el Penaphlebia exigua. De trata de una especie endémica de la meseta de Somuncura (es decir que no se la encuentra en otro lugar) descripta por primera vez en 1983 perteneciente a la familia de los leptoflébidos (Leptophlebidae), los que se ubican dentro de orden de los efemópteros o simplemente efímeras, otro orden dentro del gran grupo de los paleópteros que ya mencioné.[13] La etapa adulta de estos bichos dura apenas unas pocas horas, de ahí lo del nombre de efímeras (breve, de corta duración). Su etapa preadulta, como se indica en el artículo del CRUB, la pasan en el agua.

Penaphlebia exigua no figura en la Lista Roja de la UICN, pero sin duda está amenazada, por su sola condición de especie endémica confinada a un hábitat muy reducido y bajo mucha presión antrópica (eufemismo para indicar que estamos destruyendo todo).

Los arácnidos en cuestión son dos escorpiones endémicos de la meseta de Somuncura, solo de su lado rionegrino: Bothriurus ceii, una especie descripta en 2007,[14] y Bothriurus nendai, descripta en 2010.[15]

Ambas especies pertenecen a la familia de los botriúridos, exclusivos de América del Sur. Ninguna de ellas figura en la Lista Roja de la UICN, pero les caben la consideración anterior por tratarse de especies endémicas: su suerte está atada a la de la meseta en su conjunto y a los planes mineros de Weretilneck.

 

El escorpión Bothriurus nendai (macho) en vista dorsal y ventral. La escala gráfica corresponde a 5 mm. Fuente: Ojanguren-Affilastro y García-Mauro, 2010, figs. 18 y 19.

 

Los caracoles del subtítulo son Potamolithus valchetensis y Potamolithus elenae, dos especies pertenecientes a la familia de los tateidos, un grupo de diminutos caracoles de probable distribución gondwánica, es decir que se hallan presentes en continentes que antiguamente formaban parte del paleocontinente de Gondwana (aunque algunas especies, como el caracol de barro de Nueva Zelanda, han invadido otros continentes y se han vuelto prácticamente cosmopolitas[16]). Estos dos caracoles están amenazados, de nuevo, por tratarse de especies endémicas del arroyo Valcheta.[17] De hecho, están muy amenazados. La UICN los considera como especies En peligro crítico de extinción, la categoría anterior a la de Extinción en estado silvestre, con una tendencia demográfica decreciente en el caso del primero y desconocida en el caso del segundo.[18] El sobrepastoreo, la caza furtiva, la eliminación de individuos, la modificación de cursos de agua, la contaminación del agua y las especies introducidas, todo ha conspirado para que estos diminutos caracoles estén hoy al borde del precipicio de la existencia.

 


El caracol Potamolithus elenae. La escala gráfica corresponde a medio milímetro. Fuente: https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/13235818.2017.1279476

 

Hay otro caracol endémico del arroyo Valcheta, Heleobia rionegrina, perteneciente al grupo de los cocliópidos, otra familia de pequeños caracoles de agua dulce.[19] No encontré datos sobre el estado de conservación de este caracolito, pero seguro su situación no es la mejor, porque la situación del arroyo no es la mejor.[20]

 

Peces

Mojarra desnuda (Gymnocharacinus bergii). La Ley N° 2.783/1994, sancionada a partir de un proyecto presentado por Edgardo Corvalán y Rubén Manqueo (ambos de la UCR) declara a esta especie Monumento Natural de Río Negro. En su artículo N° 4, la norma indica que «Toda acción que afecte o pueda afectar directa o indirectamente a Gymnocharacinus Bergii  y/o su ambiente, deberá estar debidamente justificada y contar con un permiso expreso de la autoridad de aplicación de la presente normativa». Su ambiente es la meseta de Somuncura. No toda la meseta. Ni siquiera todo el arroyo Valcheta; sólo sus nacientes, en cercanías del paraje Chipauquil.

La UICN la pone como especie En peligro crítico de extinción (desde 2019) con una tendencia demográfica decreciente.[21]

Al igual los bichos anteriores (la Penaphlebia y los dos caracolitos, que son exclusivos del arroyo Valcheta, y los dos escorpiones que son exclusivos de la meseta de Somuncura), la mojarra desnuda es una especie endémica. De hecho, es la única especie de pez endémica de toda la Patagonia extrandina.

 

 

La mojarra desnuda pertenece al grupo de los Characidae o carácidos, dentro del amplísimo orden de los Characiformes (que incluye, entre muchísimos otros, a los dorados, tarariras, y pirañas). Los carácidos son peces característicos de un ambiente tropical y subtropical; de hecho, el Gymnocharacinus bergii es el carácido más austral del mundo.

Los ancestros inmediatos de este pez no llegaron desde el norte: en realidad, ya habitaban la meseta desde antes de que las circunstancias ambientales cambiaran en el resto de la Patagonia. En efecto, hace unos 30 y pico millones de años, a finales del periodo Paleógeno, la Patagonia se enfrió como consecuencia de la apertura del mar de Hoces (o estrecho de Drake), lo que permitió el establecimiento de una corriente circumpolar fría alrededor del continente antártico, y poco tiempo después, hace entre 20 y 25 millones de años, se secó en su mayor parte como consecuencia del levantamiento de la Cordillera de los Andes.[22] El arroyo Valcheta funcionó como refugió climático para esas mojarras ancestrales, manteniendo condiciones similares a las del Paleógeno. Lamentablemente, lo que no pudo la tectónica, lo estamos consiguiendo los Homo sapiens: hacer desaparecer del planeta ese linaje de carácidos.

 

Chipauquil. Hogar de la mojarra desnuda (Gymnocharacinus bergii), y otras especies endémicas, como la ranita de Valcheta (Pleurodema somuncurense). Fuente: https://www.realpatagonia.com.ar/chipauquil/

 

Las truchas introducidas hace poco menos de un siglo causaron un verdadero desastre (aunque, en verdad, el desastre debe atribuirse a las personas humanas que las introdujeron), acorralando a las mojarras contra los mismos bordes de la meseta, restringiéndolas a las vertientes del arroyo Valcheta. Lamentablemente, allí tampoco están completamente a salvo, debido la presencia de ganado vacuno que impacta sobre los cuerpos de agua que les ofrecen refugio. Sobre llovido, mojado. En 2018 se observó una mortalidad inusual de estos peces a causa de una enfermedad llamada Punto Blanco, transmitida posiblemente por un parásito específico de otra mojarra, esta introducida, la mojarra plateada (Cheirodon interruptus), utilizada por los pescadores como carnada, y cuya presencia en el arroyo Valcheta se conoce desde 2012.[23] Un grupo de investigación liderado por Sofía Quiroga, del Centro de Investigaciones y Transferencia de Rio Negro (CONICET-UNRN), concluyó, en una publicación de 2023, que la población de mojarras desnudas había disminuido en un 82% como consecuencia de esa enfermedad, un número que deja a esa especie a las puertas de su completa desaparición.[24]

Poco más que decir sobre la lamentable situación de nuestro Monumento Natural sin escamas, solo reconocer el esfuerzo que desde hace años realiza un grupo de personas e instituciones privadas y estatales por impedir que esta especie desaparezca. Recomiendo especialmente la lectura del capítulo sobre la mojarra desnuda, del volumen editado por Analía V. Dalia, Valeria Bauni, Marina Homberg y Adrián Giacchino, y publicado por la Fundación Azara «Dos décadas de trabajo con especies amenazadas de la Argentina», escrito por tres de esas personas: Sofía Quiroga, Hernán Povedano y Federico Kacoliris.[25]

 

Bagre de los torrentes (Hatcheria macraei). Es, como la mojarra desnuda, otro bicho fuera de tiempo, miembro de un linaje sobreviviente, de una época cuando las condiciones en la Patagonia eran otras bien distintas.

Sin embargo, nuestros bagres han tenido mejor suerte que nuestras mojarras. Se han bancado a las truchas mejor que otras especies, posiblemente debido a su comportamiento fototáctico negativo (es decir a su tendencia a moverse en dirección opuesta a la fuente de luz) y a sus habitos nocturnos. Debido a esto, y a su amplia distribución (arroyos, ríos y lagos de las cuencas de los ríos Negro y Chubut), figura en la Lista Roja de UICN como Preocupación menor.[26]

 


Bagres de los torrentes (Hatcheria macraei). Foto: Julio Monguillot. Fuente: https://sib.gob.ar/especies/hatcheria-macraei

 

Peladilla listada (Aplochiton zebra). En nuestra región patagónica es una especie Vulnerable (al menos en dos áreas protegidas: Lago Puelo y Lanín), sobre todo por la presencia de especies exóticas (sobre todo truchas)[27], si bien la UICN la categoriza como Preocupación menor, con una tendencia demográfica desconocida.[28]

Pertenece a la familia de los galáxidos, un grupo que, al igual que los caracoles endémicos de Valcheta, posee distribución gondwánica. En el caso de los galáxidos, su distribución comprende América del Sur, Australia, Nueva Zelanda, Tasmania, Sudáfrica, Nueva Caledonia e islas Malvinas.

 

Peladilla listada (Aplochiton zebra). Fuente: https://masneuquen.com/peladilla-listada-aplochiton-zebra/

 

Caballito de mar patagónico (Hippocampus patagonicus). Se trata de una especie descripta recién en 2004 por dos investigadores del Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires. Pese a su importancia y a los riesgos que hoy enfrenta, aún no hay una norma provincial que proteja a este magnífico pez. Hay un proyecto presentado en 2020 (N° 529/2020) por Facundo Montencino Odarda (Frente de Todos) y Marilín Gemignani (JSRN), y otra vez por Montecino Odarda en 2022 (N° 546), y nuevamente en 2025 por Magdalena Odarda (Vamos con Todos) (N° 1.354).

El proyecto en cuestión detalla los problemas de preservación que enfrenta nuestro hipocampo patagónico, mayormente relacionados con la pesca ilegal y la degradación de su hábitat natural. Específicamente, se menciona que «(e)n la bahía de San Antonio se ha constatado una retracción de su hábitat (debida) al desarrollo industrial, urbanístico y turístico de la región. Así también son consideradas amenazas la pesca furtiva por parte de recolectores de mariscos, la pesca con redes playeras que son usualmente utilizadas por pescadores y turistas en el interior de la Bahía de San Antonio».

   

 Caballito de mar patagónico (Hippocampus patagonicus). Fuente: https://www.facebook.com/photo?fbid=10157233319395988&set=pcb.10157233319505988

 

El Hippocampus patagonicus se encuentra en una condición de vulnerabilidad (al borde del peligro de extinción), con una tendencia demográfica decreciente, según las categorías establecidas por la UICN.[29]

Los caballitos de mar pertenecen a la familia de los singnátidos, únicos entre los vertebrados debido a que las hembras ponen sus huevos en una cavidad del cuerpo del macho y luego este los fecunda e incuba (fenómeno conocido como gestación masculina). Otras rarezas de estos bichos son su boca tubular sin dientes, su cuerpo cubierto de placas óseas, y la ausencia de aletas caudales y pélvicas. Aparentemente, la pérdida de aletas pélvicas está asociada con la evolución de la cobertura de placas óseas y, sobre todo, con otro rasgo raro: la adquisición de una cola alargada, flexible y con capacidad de agarre al sustrato.[30]

 

Tiburones. Pertenecen a un gran grupo de peces llamado condrictios (Chondrichthyes), que incluye además a las rayas y quimeras (peces gallo o elefante).

Si bien cargan con muy mala prensa, los tiburones cumplen un rol ecológico fundamental (de nuevo, aunque no fueran fundamentales, igual habría que protegerlos… de nosotres mismes, en primer lugar). Lamentablemente, son muy sensibles a la contaminación, y, de hecho, las poblaciones de tiburones están retrocediendo dramáticamente en todo el mundo; para que se entienda: nos estamos quedando sin tiburones.

Según se consigna en los portales oficiales, son cinco las especies que se registran en las costas rionegrinas: pez gallo (un callorínquido, una quimera; si bien es un condrictio, no es un tiburón), cazón, gatuzo, gatopardo y chucho (este último, en realidad, un miliobátido, un tipo de raya, un condrictio pero no un tiburón), todas especies incluidas en la Lista Roja de la UICN.[31]

Hay un proyecto ingresado en la Legislatura de Río Negro en marzo de 2026, el N° 197/2026, cuya autoría corresponde a César Domínguez (Primero Río Negro), que prohíbe la pesca de todos los tiburones (cazón, gatuzo, gatopardo, pez gallo y chucho).

Desde 2023 hay una ley para regular la práctica de la pesca deportiva en aguas marítimas bajo jurisdicción provincial (la Ley N° 5.706/2023), sancionada a partir de un proyecto (el N° 597/2023) de María Eugenia Martini (Frente de Todos), José Luis Berros (Vamos con Todos) y Marcelo Szczygol (Juntos somos Río Negro). En el capítulo V de esta ley se establece una protección diferenciada dentro de un régimen de protección y conservación para los tiburones:

«Artículo 20.- Quedan comprendidos en el régimen de protección diferenciada los ejemplares de tiburones costeros: Escalandrún (Corcharías taurus); Bacota (Carcharhinus brachyurus); Azul (Prionace glauca), Gatopardo (Notorynchus cepedianus), Cazón (Galeorhinus galeus) y Tiburón Martillo (Sphyrna zygaena)». Como se ve, ese artículo incluye algunas especies que no se registran en las costas rionegrinas.

 

Gatopardo (Notorynchus cepedianus) (Vulnerable, tendencia demográfica decreciente[32]). Fuente: https://reeflifesurvey.com/species/notorynchus-cepedianus/

 

A su vez, el artículo N° 21 de la Ley N° 5.706/2023 prohíbe la captura con sacrificio y se establece su devolución obligatoria de las especies establecidas en el artículo N° 20.[33]

Sin embargo, la norma da al gatuzo un tratamiento especial:

«Artículo 22.- Los ejemplares de la especie Gatuzo (Mustelus schmitti) pueden ser incluidos en las restricciones previstas, mediante resolución fundada de la autoridad de aplicación, en base a informes técnicos fidedignos disponibles acerca de su estado de conservación».

Obviamente, además de no pescarlos, es fundamental no devastar su hábitat, cosa que el gobierno de Weretilneck estaría incumpliendo, al meter a las petroleras en el golfo San Matías con la derogación de la Ley N° 3.308.

 

Mamíferos

Ballena franca austral (Eubalaena australis). Es la ballena más común de nuestro mar territorial. Dentro del orden de los cetáceos, se la clasifica dentro de la familia de los balénidos, a diferencia de la ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) que pertenece a la familia de los balenoptéridos (también llamados rorcuales, con característicos pliegues sobre su enorme garganta que le permiten ampliarla notablemente) y que también suele verse frente a nuestras costas.

La ballena franca austral fue declarada especie protegida mediante Ley N° 3.130/1997, a partir de un proyecto presentado por Fernando Chironi (UCR).

En su artículo N° 6, la 3.130 indica «Toda acción o actividad que signifique la modificación de las condiciones del hábitat en las que se halla la especie, será considerada como una violación a su condición de especie protegida». Como se ve, la norma no contempla que esa acción deba ser previamente autorizada por la autoridad de aplicación, como sí sucede en prácticamente todas las leyes similares (por ejemplo, las leyes de protección del huemul y el pudu, ver más adelante). Independientemente de esto, es evidente que este artículo N° 6 no se estaría cumpliendo, desde que Weretilneck entregó nuestro golfo San Matías a las petroleras para que por allí saquen el petróleo y el gas de Neuquén, modificando las condiciones de hábitat de la ballena franca austral (y de todos los seres vivientes del golfo y sus aledaños).

 

 

Ballena franca austral (Eubalaena australis). Fuente: https://patagoniambiental.com.ar/noticias/rio-negro/con-la-llegada-de-la-primera-ballena-franca-las-grutas-abre-la-temporada-de-avistaje

 

Además de ser una especie protegida, la ballena franca austral es Monumento Natural de Río Negro por Ley N° 4.066/2006, es decir que, en los papeles, posee una doble protección (a la fecha, ambas leyes se encuentran vigentes). La 4.066, sancionada a partir de un proyecto presentado por Bautista Mendioroz (UCR-Concertación para el Desarrollo), Alfredo Lasalle (UCR-Concertación para el Desarrollo), y Javier Iud (Frente para la Victoria), establece en su Artículo 6º lo siguiente: «Se prohíbe, sin la debida autorización, toda actividad que sin implicar un acercamiento explícito a la especie, resulte por sí misma o a través del impacto que genera sobre el medio, nociva para el recurso o para el hábitat en el que el mismo se desenvuelve. Quedan incluidos dentro de esta tipología las actividades de dragado, los estudios sísmicos, la realización de eventos náuticos deportivos, concursos de pesca embarcada, la navegación por parte de particulares, la utilización de motos de agua o similares y otras actividades que a criterio de los órganos competentes del Poder Ejecutivo Provincial, se establecerán vía reglamentaria». No queda claro en qué casos, sobre la base de qué criterios, los órganos competentes prohibirían un estudio sísmico. (Porque el económico no debería ser un criterio para no prohibirlo.)

La Categorización 2019 de los mamíferos de Argentina según su riesgo de extinción (la Lista Roja de los mamíferos de Argentina), elaborada por la Subsecretaría de Ambiente de la Nación con la cooperación de la Sociedad Argentina para el Estudio de los Mamíferos (SAREM), la pone en la categoría Preocupación menor[34] (pero leer esta nota al final de la publicación[35]).

 

Franciscana (Pontoporia blainvillei). Este otro cetáceo fue declarado especie protegida por Ley N° 4.567/2010, a partir de un proyecto presentado por Magdalena Odarda. (En 2017, por Ley provincial N° 14.992/2017, el delfín franciscana fue declarado Monumento Natural también en la provincia de Buenos Aires.[36])

Mediante la mencionada ley (su Art. 3) «(s)e prohíbe toda actividad de acercamiento con fines de caza, persecución, captura, acoso u hostigamiento, aprehensión, tenencia, como así también toda acción que impacte negativamente sobre esta especie y su hábitat. Asimismo, se prohíbe toda actividad con fines científicos, educativos, recreativos o turísticos, sin autorización de los órganos provinciales competentes».

 

Franciscana (Pontoporia blainvillei) varada en Santa Teresita, provincia de Buenos Aires. Falta una escala, pero los especímenes más grandes de esta especie alcanzan los 177 cm de longitud (es uno de los delfines más pequeños del mundo). Fuente: https://www.conclusion.com.ar/info-general/delfin-franciscano-una-especie-vulnerable-a-la-extincion/02/2016/

 

 La UICN la considera Vulnerable, con una tendencia demográfica decreciente.[37] La Categorización 2019 de los mamíferos de Argentina también la califica como especie Vulnerable.[38]

Se trata de un platanistoideo, grupo que agrupa a los delfines de río, pero a diferencia de otros platanistoideos, nuestro delfín franciscana también sabe andar por aguas estuarinas y marinas, aunque siempre cerca de la costa. Supuestamente, debe su nombre a su coloración ocre, similar a la del hábito de los monjes franciscanos (inchequeable).[39]

La superfamilia Platanistoidea supo conocer tiempos geológicos mejores. Hoy queda una sola especie (precisamente, nuestra Pontoporia blainvillei), pero antes eran más diversos. En Patagonia, en el Mioceno Temprano (~ 20 millones de años), se registran al menos tres especies fósiles.[40] Esperemos que nuestro delfín franciscana no termine como ellas, al menos en el corto o mediano plazo.

 

Mara o liebre patagónica (Dolichotis patagonum). Al igual que las vizcachas, los cuises y los carpinchos, la mara es un roedor del grupo de los caviomorfos (Caviomorpha), que arribaron a América del Sur hace unos 35 millones de años (a fines del Eoceno) posiblemente desde África (América del Sur y África estaban más próximas que hoy, y América del Sur se hallaba aislada: era una suerte de continente isla).

La mara es un roedor, pero no tiene nada que ver con las ratas, ratones y lauchas, que pertenecen al grupo de los miomorfos (Myomoprha) y que llegaron a nuestro continente mucho después (solo algunos; otros son introducidos en tiempos recientes: de los primeros años de la conquista a esta parte).

En 2020, Marcelo Mango (Frente de Todos) presentó un proyecto, el N° 677, vuelto a presentar en 2022 con el N° 525, declarando a la mara especie protegida. Lo hizo al calor de un sonado programa de Canal 13 en el que se dio al aire una receta de cocina en base a carne de mara rionegrina. En esa ocasión, el gobierno provincial, rápido de reflejos, denunció penalmente al canal del solcito por tratarse la mara de una especie Vulnerable (de acuerdo con su Categoría Nacional de Conservación[41]) o Casi amenazada, con una tendencia demográfica decreciente (de acuerdo con la UICN[42]), y por estar prohibida su caza al tratarse de una especie nativa. [43], [44]

(Ojo que aquí no hay discrepancias: para Nación, la categoría Vulnerable (VU) es equivalente a la categoría Casi Amenazada (NT) de UICN.[45])

La fundamentación del proyecto de Mango —que caducó en 2024 sin que la Legislatura le diera bola— reconoce que «(e)xisten amenazas relacionadas con pérdida o degradación de hábitat, caza y especies exóticas pero no hay evidencias de la relación cuantitativa que puede existir entre estos factores y el número de individuos maduros para establecer una hipótesis (que expliquen su disminución, agrego yo)».

 

Mara (Dolichotis patagonum). Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Dolichotis_patagonum

 

Huemul (Hippocamelus bisulcus). El huemul es una de las dos especies de ciervos autóctonos que habitan en la Patagonia (la otra es el pudu).

Fue declarado Monumento Natural de Río Negro por Ley N° 2.646/1993, sancionada a partir de un proyecto presentado por Rubén Dalto (UCR). En su artículo N° 4, esa norma establece que «Toda  acción o actividad que signifique la modificación de las condiciones del hábitat en las que se halla la especie, deberá ser comunicada a la autoridad de aplicación de la presente ley para su evaluación y autorización». Además, el huemul es Monumento Natural de Neuquén (Ley N° 2.696), Chubut (Ley N° 4.793), Santa Cruz (Ley N° 2103) y todo el país (Ley N° 24.702).

Actualmente, la UICN lo ubica en la categoría En peligro de extinción, con una tendencia demográfica decreciente.[46] La Categorización 2019 de los mamíferos de Argentina según su riesgo de extinción (su Lista Roja de los mamíferos de Argentina) lo considera En Peligro.[47]

 

Huemul (Hippocamelus bisulcus). Fuente: https://www.ecocamp.travel/blog/es/huemul-especies-en-peligro-de-extinci%C3%B3n

 

Los ciervos arribaron a América del Sur desde América del Norte en el Plioceno, hace entre 2,5 y 3 millones de años, en el contexto del llamado «Gran Intercambio Biótico Americano». Los ciervos sudamericanos actuales (el pudu, el huemul, y otras 15 especies distribuidas en el resto del continente), descienden de esos ciervos del Plioceno, recién arribados al continente sudamericano. Ojo que en la Patagonia (y en el resto de América del Sur) hay otros ciervos pero introducidos, el más conocido de los cuales es el colorado (Cervus elaphus), del que hablé en La culpa no es del Sus scrofa.

Los huemules son poseedores de un plan corporal  propicio para trepar las laderas escarpadas de las montañas andinas, que es donde se los encuentra (tienen patas relativamente cortas como las cabras, poseen cuerpos medio rechonchos). Pierden sus astas entre julio y agosto, aunque a fines de agosto ya las recuperan.[48] (Estas astas, a diferencia de los cuernos de los bóvidos, son caducas: se pierden y regeneran todos los años.)

Actualmente, en el lado argentino de la Patagonia no quedan más de 500 huemules (en Chile quedan unos 1000).[49] Entre las causas que más han contribuido a su dramática disminución se encuentran la caza, los perros de las estancias, la ganadería extensiva y las enfermedades transmitidas por el ganado,[50] la introducción de especies exóticas (al margen del ganado), los monocultivos de pinos, la actividad turística no planificada, y los desarrollos inmobiliarios.

Antes, los huemules bajaban regularmente a los valles en invierno; ahora lo hacen muy raramente, lo que ha modificado sus habitos de alimentación a lo largo del año.[51]

 

Pudu (Pudu puda). Por Ley N° 3.549/2001, sancionada a partir de un proyecto presentado por Roberto Medvedev (MID-Alianza), el pudu (y su hábitat natural) es Monumento Natural de Río Negro (Art. N° 1).

En su artículo N° 4, esta ley indica que «(t)oda acción o actividad que signifique la modificación de las condiciones del hábitat en las que se halla la especie, deberá ser comunicada a la autoridad de aplicación de la presente ley para su evaluación y autorización».

De acuerdo con la UICN, el pudu no está tan mal como el huemul: posee una condición de especie Casi amenazada (un escalón por encima de Preocupación menor), aunque con una tendencia poblacional decreciente.[52] Su Categoría Nacional de Conservación 2019 (aquella elaborada por la Subsecretaría de Ambiente con la colaboración de la SAREM) corresponde también a especie Vulnerable (que es equivalente a la de Casi amenazada de la UICN).[53]

 

 

Nuestro pudu es, después de otros dos cérvidos pertenecientes al género Pudella —que habitan en Perú, Ecuador y Colombia—, el ciervo más pequeño del mundo (no supera los 10 kg de peso). Es un bicho más bien solitario, salvo en época de reproducción (en otoño).

 

Huillín (Lontra provocax). La Ley N° 5.801/2025, sancionada por unanimidad de los presentes a partir de un proyecto presentado por Fernando Frugoni (CC-ARI Cambiemos), declara al huillín Monumento Natural de Río Negro. En su Art. N° 4, la 5.801 establece que «Toda acción que afecte o pueda afectar directa o indirectamente al Huillín (Lontra Provocax) y/o su ambiente, deberá estar debidamente justificada y contar con un permiso expreso de la autoridad de aplicación de la presente normativa». El huillín, agradecido, aunque ya era Monumento Natural desde 1992, mediante el Decreto Nº 1987/1992 del gobernador Horacio Massaccesi (decreto que en la página de la Legislatura figura como «vigente»).

 

Huillín (Lontra provocax). Fuente: https://radiopiuke.org.ar/wp-content/uploads/2025/05/huillin.jpg

 

La UICN coloca al huillín en la categoría En peligro de extinción, con una tendencia demográfica decreciente.[54] Su Categoría Nacional de Conservación 2019 es la misma: En Peligro.[55]

Este animalito pertenece, dentro del orden Carnivora, a la familia de los mustélidos, al igual que el hurón menor o grisón (Galictis cuja), el huroncito patagónico (Lyncodon patagonicus), y el visón (Neovison vison), que en nuestra provincia (y en toda América del Sur) es una especie invasora desde América del Norte.

Como comenté en La culpa no es del Sus scrofa, los mustélidos llegaron a América del Sur hace aproximadamente unos seis millones de años, en el contexto del llamado Gran Intercambio Biótico Americano (al igual que los ciervos). Nuestros tres mustélidos autóctonos son fruto de la diversificación de esos primeros mustélidos en pisar nuestro subcontinente.

Los huillines son bichos acuáticos, a diferencia de los hurones, que son más terrestres. Ojo: a no confundírselos con nuestras «nutrias» o coipos (Myocastor coypus), que comparten su área de distribución pero que son roedores herbívoros (no Carnivora carnívoros), y no están amenazados (por ahora), aunque su tendencia demográfica es decreciente.[56]

Hoy, en nuestra provincia, a los huillines se los encuentra sobre todo en el extremo cordillerano de la cuenca del Limay, aunque en Chile habitan ambientes marino-costeros.

 

Monito de monte (Dromiciops gliroides). Es un pequeño marsupial presente en los bosques andinos del PN Nahuel Huapi.[57] No es un mono ni tiene nada que ver con los monos, que son mamíferos placentarios. Es de hábitos nocturnos y un buen trepador. En cuanto a su estado de conservación, el monito está en la categoría Casi amenazada de la UICN, con una tendencia demográfica decreciente.[58] Su Categoría Nacional de Conservación  2019 es de especie Vulnerable.[59] (Recordemos que para la legislación nacional, la categoría Vulnerable (VU) es equivalente a Casi Amenazada (NT) de UICN.)

Es la única especie viviente (junto con otra muy parecida, el Dromiciops bozinovici, que posee un registro no confirmado en Neuquén[60]) de una familia de marsupiales  que conoció tiempos mejores: los microbiotéridos.

Los marsupiales (todos ellos) no estuvieron siempre aquí, en América del Sur. Se originaron en el Hemisferio Norte y arribaron a América del Sur hacia fines del Cretácico, hace sesenta y pico de millones de años. Hasta ese momento, aquí en América del Sur había aquí otros grupos de mamíferos, hoy completamente extintos.

Cuando arribaron los marsupiales a América del Sur, este subcontinente formaba parte de una masa continental mayor, junto con Antártida y Australia, de modo que los marsupiales pudieron expandirse y alcanzar todos los rincones de ese cacho continental que quedaba de la antigua Gondwana (la cual comenzó a desmembrarse a mediados del Cretácico, 100 millones de años). Millones de años más tarde, los marsupiales se extinguieron localmente en Antártida, cuando Antártida se congeló a finales del Paleógeno, hace 30 y pico millones de años, y casi se extinguieron en América del Sur, posiblemente a causa de la competencia con otros grupos de mamíferos. Solo en Australia los marsupiales viven a sus anchas, sin competidores a la vista (salvo murciélagos, roedores, perros y ganado traídos por los seres humanos, todos los mamíferos de Australia son marsupiales). Esto es entendible, ya que Australia se separó y aisló mucho antes de la llegada de los mamíferos placentarios. Nuestro monito de monte, junto con la comadrejita patagónica (Lestodelphis halli, presente en nuestra provincia con un grado de Preocupación menor, y una tendencia demográfica estable, según la UICN[61]) y la zarigüeya (Didelphis albiventris, que apenas alcanza la Patagonia), son los únicos sobrevivientes patagónicos de aquella antigua fauna de marsupiales sudamericanos.

Ninguna especie debería justificar su existencia, todas las especies son importantes, pero el monito de monte juega un rol ecológico clave, dispersando semillas de plantas con frutos carnosos.[62] Sobre todo es importante en la dispersión de las semillas del quintral (Tristerix corymbosus), cuyo néctar es el principal alimento del picaflor chico o picaflor rubí (Sephanoides sephaniodes, especie categorizada por la UICN como Preocupación menor, con una tendencia demográfica decreciente[63]). Las heces del monito con las semillas de esa planta son mayormente depositadas en los troncos o ramas de otros árboles, lo que es fundamental para una hemiparásita como el quintral (hemiparásitas son plantas que dependen parcialmente de otras para sobrevivir).

 

 

Monito de monte (Dromiciops gliroides). Foto Mariano Rodríguez Cabal. Fuente:  https://sib.gob.ar/especies/dromiciops-gliroides

  

Aves

Cóndor andino (Vultur gryphus). La Ley N° 3.191/1998, sancionada a partir de un proyecto de Guillermo Grosvald y Raúl Mon (del MPP) declara al cóndor especie protegida de la provincia de Río Negro.

En su artículo 2 inc. c, la ley N° 3.191/1998 establecía la prohibición de «(l)a actividad que afecte negativamente el medio natural modificando las condiciones de supervivencia de la especie en su hábitat».

Digo «establecía» porque esto fue cambiado (para peor) en 2016, mediante la ley N° 5.121 (Jorge Casadei y Héctor Funes, ambos de la UCR/ACD aliados al oficialismo de Weretilneck):

«Artículo 6º.- CONTROL DE ESPECIE PROTEGIDA. Toda acción o actividad que signifique la modificación de las condiciones del hábitat en las que se halla la especie (incluso una modificación negativa, esto lo digo yo), deberá ser comunicada a la autoridad de aplicación para su evaluación y autorización. Toda violación a la presente será considerada como una violación a su condición de especie protegida y sancionada conforme reglamentación vigente». Lo que antes estaba prohibido taxativamente, ahora podía charlarse.

 

Cóndor andino (Vultur gryphus). Fuente: https://www.conicet.gov.ar/por-que-las-ballenas-pueden-cambiar-el-movimiento-de-los-condores/

 

Esta Ley N° 5.121, además, declara al cóndor Monumento Natural de Río Negro.

Actualmente, la UICN lo cataloga como Vulnerable, con una tendencia demográfica decreciente.[64]

Los cóndores pertenecen a la familia de los catártidos, la misma que integran los jotes (Cathartes aura, el jote de cabeza colorada, y Coragyps atratus, el jote de cabeza negra, ambos presentes en la provincia). Los buitres africanos, carroñeros como nuestros catártidos, pertenecen a otra familia, la de los accipítridos, la misma que nuestras águilas y aguiluchos.

En Río Negro los cóndores habitan sobre todo la región andina, aunque antiguamente su distribución era mucho más amplia: llegaban incluso hasta el Atlántico. Desde hace más de 25 años, Luis Jácome y su equipo de la Fundación Bioandina, desarrollan el Plan Integral para la Conservación del Cóndor Andino, que incluye la liberación y reintroducción de cóndores en distintos puntos del país, entre otros Sierra Pailemán (meseta de Somuncura, Río Negro), para que los cóndores vuelen nuevamente sobre la costa del Atlántico.[65]

En dos ocasiones la Legislatura provincial acompañó este programa: en 2004 declaró «De interés cultural y educativo el programa binacional de Conservación del Cóndor Andino organizado por el Zoológico de Buenos Aires, la Fundación Temaikén y la Fundación Bioandina Argentina» (Declaración N° 20/2004, a partir de un proyecto de Javier Iud, por esos años del PJ), y en 2019 declaró «De interés medioambiental, social, cultural y educativo la decimosexta suelta de Cóndores Andinos en Sierra Pailemán, criados en cautiverio, bajo el Programa Retorno del Cóndor al Mar, llevado a cabo por la Fundación Bioandina Argentina» (Declaración N° 167/2019, a partir de un proyecto de Rodolfo Cufré y Roxana Fernández (JSRN).

Nada de esto impidió que les legisladores, por unanimidad en general y en particular, sancionaran en 2022 la Ley 5.560/2022 (aún vigente) cediéndole a la empresa australiana Fortescue 625.000 hectáreas en el ANP Meseta de Somuncura para la construcción de nosecuántos parques eólicos. La sancionaron aun sabiendo que eso significaba la muerte segura de todos los cóndores andinos reintroducidos en esa parte del territorio. Otro botón de muestra de que las leyes solas no sirven para nada si no son acompañadas de la movilización popular, que fue en definitiva lo que terminó provocando el abandono del proyecto por parte de la empresa (al menos en sus términos iniciales).

 

Cardenal amarillo (Gubernatrix cristata). Es Monumento Natural de Río Negro mediante Ley provincial N° 5.637/2023, sancionada a partir de un proyecto presentado por Marcelo Szczygol (JSRN). La Ley N° 5.637 fue aprobada por unanimidad de los presentes.

Su artículo N° 4 establece que «Toda acción o actividad que signifique la modificación de las condiciones del hábitat en los que se encuentra la especie, deberá ser comunicada a la autoridad de aplicación de la presente ley para su evaluación y autorización».

La UICN considera a esta especie En peligro de extinción, con una tendencia demográfica decreciente.[66] A nivel nacional, la Resolución N° 348/2010 de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, ubica al cardenal amarillo en la categoría En peligro de extinción.[67] 

Al igual que el cardenal común (Paroaria coronata,[68] con categoría Preocupación menor, y con una tendencia demográfica estable[69]), el amarillo pertenece, dentro del orden Passeriformes (pájaros en sentido estricto), a la familia de los tráupidos (Thraupidae), que cuenta con varios de los pájaros más coloridos de la región (codo a codo con algunos Tyrannidae que también tenemos en Río Negro, como el siete colores, Tachuris rubigastra, con categoría de Preocupación menor, con una tendencia demográfica estable[70]). Incluyen también a los pájaros más famosos en la historia de la ciencia: los pinzones de Darwin.

Otros tráupidos que habitan nuestra provincia son el comesebo andino (Phrygilus gayi), con categoría Preocupación menor y una tendencia demográfica estable, según la UICN[71], y el comesebo patagónico (Phrygilus patagonicus), Preocupación menor y tendencia demográfica decreciente[72], el yal andino (Melanodera xanthogramma), Preocupación menor y tendencia demográfica estable[73], y la diuca común (Diuca diuca), Preocupación menor y tendencia demográfica estable.[74]

  

Cardenal amarillo (Gubernatrix cristata). Fuente: https://laderasur.com/articulo/argentina-censo-de-fauna-revela-que-solo-se-han-registrado-83-cardenales-amarillos-en-libertad/?srsltid=AfmBOoobmTc7GcAaLsHeH19bStmv_vLUyvuHB89s33_Ro4a0ASytawKl

 

Las poblaciones de cardenal amarillo se hallan muy fragmentadas, y su número ha disminuido dramáticamente debido a la alteración de su hábitat y, sobre todo, a su captura para abastecer el mercado ilegal de mascotas, en especial de los grandes centros urbanos.[75] La provincia de Entre Ríos también lo ha declarado Monumento Natural Provincial (Ley provincial N° 4.933/02).[76]

 

Cauquenes. En Río Negro habitan tres especies de cauquenes: el cauquén común (Chloephaga picta), que presenta dimorfismo sexual, es decir que la hembra y el macho son distintos; el cauquén real o cabeza gris (Chloephaga poliocephala), y el cauquén colorado (Chloephaga rubidiceps), estas dos últimas especies sin dimorfismo sexual.[77]

El cauquén común es catalogado por la UICN como Preocupación menor, con una tendencia demográfica decreciente[78]; el cauquén real o cabeza gris como Preocupación menor, con una tendencia demográfica decreciente[79]; y el colorado como Preocupación menor, con una tendencia demográfica estable, si bien hasta hace unos años estuvo en peligro de extinción.[80] De hecho, a nivel nacional, hay una resolución de 2010 de la Dirección de Fauna Silvestre y Conservación de la Biodiversidad, la Res. N° 348/2010 que considera al Cauquén colorado como En peligro crítico de extinción (y al cauquén cabeza gris como Amenazada, y al cauquén común como Vulnerable).[81]

La autoridad ambiental de la provincia realiza un monitoreo anual de estas tres especies (al menos lo hacía hasta 2017[82]), aunque estas no gozan todavía de protección legal especial.

Nuestros tres cauquenes son aves migratorias. En primavera y verano el común y el real o cabeza gris se restringen a la región cordillerana, y en otoño e invierno amplían su distribución a toda la provincia.[83] Al colorado se lo encuentra todo el año en la costa atlántica, y, se lo ha avistado en dos de nuestras áreas protegidas: Bahía de San Antonio e incluso en la Meseta de Somuncura.[84] En la provincia de Buenos Aires, donde se lo observa en otoño e invierno, el cauquén colorado fue declarado Monumento Natural (Ley provincial N° 12.250).[85]

Recientemente, tres investigadores del Instituto de Investigación en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA) de Bariloche (UNCo-CONICET) denunciaron que el cambio climático podría estar afectando a nuestros tres cauquenes, corriendo sus áreas de distribución hacia el sur. Debido a ello, aconsejan proteger los mallines y no andar con perros sueltos en sitios donde se presume que hay cauquenes, sobre todo en época de reproducción (primavera y principios del verano).[86]

 

Cauquén real o cabeza gris (Chloephaga poliocephala). Fuente: https://birdsoftheworld.org/bow/species/ashgoo1/cur/introduction?lang=es

 

Cauquén colorado (Chloephaga rubidiceps). Fuente: https://www.argentina.gob.ar/jefatura/ambiente/fauna/cauquen-colorado-en-defensa-de-una-especie-en-peligro-de-extincion

 

Anfibios y reptiles

Tortuga terrestre (Chelonoidis chilensis). Es Monumento Natural de Río Negro por Ley N° 5.834/2025, sancionada a partir de un proyecto presentado por Fernando Frugoni. La ley que tiene dos artículos nomás: uno declárese y otro comuníquese.

En la fundamentación del proyecto de Frugoni se menciona que, en 2023, la UICN la declaró En peligro de extinción (aunque en la lista roja de la UICN veo que figura como especie Vulnerable con una tendencia demográfica «sin especificar», aunque con una nota al pie que menciona la necesidad de actualización[87]).

Muchos son los riesgos que amenazan la Chelonoidis. En el mismo proyecto de Frugoni, se destaca que esta tortuga es el reptil nativo de Argentina más comercializado (ilegalmente, claro), además, del peligro que representan ciertas especies invasoras como los jabalíes (Sus scrofa), y la gran cantidad de atropellamientos que ocurren en las rutas.

Son tortugas que se distribuyen en las zonas áridas del país hasta el norte de la Patagonia (norte y este de Río Negro). Son las primas chicas de las tortugas gigantes de las Islas Galápagos (Chelonoidis niger), otros bichos asociados a la figura del gran Darwin.[88]

La Ley N° 5.834/2025 fue sancionada con el voto positivo de casi todos. Raro el voto del tortorielismo de Cambia Río Negro: Gabriela Picotti votó a favor; Santiago Ibarrolaza y Patricia McKidd en contra; Claudio Doctorovich se ausentó. Quizás decidieran no votarle nada a Frugoni, antiguo socio político, que hoy, como los huillines en el Nahuel Huapi, nada en las generosas aguas del oficialismo.

 

Tortuga terrestre (Chelonoidis chilensis). Foto: Martín Lepez. Fuente:   https://sib.gob.ar/especies/chelonoidis-chilensis

 

(En el caso de la protección del huillín esos mismos legisladores votaron a favor del proyecto de Frugoni, sancionado el 03/07/2025, pero el día de la sanción de la ley de la Chelonoidis, el 20/11/2025, ya estaba todo mal con Frugoni. Porca política, decía mi abuela Mecha.)

 

Lagarto cola piche del Somuncura (Phymaturus somuncurensis). Es una lagartija endémica de la meseta de Somuncura insuficientemente conocida que figura en la Lista Roja de la UICN con la categoría Preocupación menor, con una tendencia demográfica estable.[89] Sin embargo, en Argentina, otros organismos, como la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable (Res. N° 1055/2013) y la Asociación Herpetológica Argentina, la apuntan como especie Vulnerable.[90]

 

Lagarto cola de piche del Somuncura (Phymaturus somuncurensis).  Foto: Julio Monguillot. Fuente: https://sib.gob.ar/especies/phymaturus-somuncurensis

 

Pertenece a la familia de los liolémidos (Liolaemidae, con 36 especies presentes en Argentina[91]), lagartijas naturales de América del Sur emparentadas con las iguanas (los liolémidos y los iguánidos pertenecen al mismo suborden dentro del orden Squamata). Las lagartijas del género Phymaturus son herbívoras y vivíparas. Phymaturus somuncurensis habita en grietas y entre los escoriales basálticos de la meseta de Somuncura, por encima de los 1200 msnm. No es muy chico ni muy grande: con cola y todo alcanza los 20 cm de longitud.

 

Ranita de Valcheta (Pleurodema somuncurense). La ranita de Valcheta no posee una ley de protección específica, pero recientemente ingresó a la Legislatura un proyecto para declararla especie En peligro de extinción (proyecto N° 506/2026, cuyos autores son Soraya Yauhar, Norberto Moreno, Aimé Kircher Castañarez, Marcela Rossio, Luis Noale, todes de JSRN).

Un aspecto importante de este proyecto (su artículo N° 3) es la prohibición de toda actividad que impacte negativamente sobre la especie y su hábitat. La ley propuesta no prescribe que esas actividades deban autorizarse previamente; esperemos que esto no lo cambien.

La especie fue descrita en 1969 por el herpetólogo José Miguel Alfredo María Cei, quien además describió otras especies de la meseta de Somuncura.[92], [93] No se conoce mucho del estado de las poblaciones en sus condiciones originales, ya que Cei las describió 40 años después de que fueran introducidas las truchas (a diferencia de las mojarras desnudas, que fueron descriptas en 1903, antes de esa introducción).[94]

Las hembras de Pleurodema somuncurense son un poco más grandes que los machos y miden hasta 4 cm. Posee principalmente hábitos nocturnos. Comen bichitos y larvas de insectos.

Los renacuajos de la ranita de Valcheta, predominantemente herbívoros, contribuyen activamente a la remoción de materia orgánica en descomposición, favoreciendo el reciclaje de nutrientes y el mantenimiento de la calidad del hábitat acuático.[95]

Actualmente, la ranita del Valcheta se encuentra En peligro crítico de extinción, con una tendencia demográfica decreciente, al igual que el caracol Potamolithus, y básicamente por las mismas razones.[96] Como comenté, las truchas son una parte importante del problema. El ganado vacuno, pisotea y caga en los cuerpos de agua, contribuyendo a su eutrofización.

Los problemas de la ranita de Valcheta no terminan ahí. Actualmente se encuentra infectada por un hongo llamado quitridio (Batrachochytrium dendrobatidis),[97] del que hablé en La culpa no es del Sus scrofa. Este hongo produce una enfermedad cutánea llamada quitridiomicosis que afecta dos funciones vitales de la piel de los anfibios: la respiración (que complementa la respiración pulmonar) y el mantenimiento del equilibrio hídrico.[98]

Fundamental en la conservación de este bicho ha sido la implementación del proyecto Meseta Salvaje, a cargo de investigadores de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de La Plata y la Fundación Somuncura, presentes en el territorio desde 2012, con la colaboración del gobierno de la provincia (que declaró De interés ambiental el trabajo de investigación realizado por técnicos del CONICET del Museo de La Plata relacionado a la reproducción y conservación de la "Ranita de Somuncura" que habita en el arroyo Valcheta, Meseta de Somuncura y se encuentra en peligro de extinción, proyecto N° 358/2016, de Jorge Ocampos y Daniela Agostino, CC-Ari), y, fundamentalmente, de les pobladores de Chipauquil.[99] Hace unos diez años estos investigadores consiguieron lo que parecía imposible: reproducir ranitas en cautiverio (actualmente lo hacen en el Ecoparque de CABA; antes lo hacían en el Museo de La Plata)[100] y reintroducirlas en su hábitat.[101] Menciono dos de estos investigadores a riesgo de dejar afuera a un montón: Federico Kacoliris y Jorge Williams. Si nuestra ranita de Valcheta logra gambetear la extinción, será en gran medida gracias a esos investigadores.

  

Ranita de Valcheta (Pleurodema somuncurense). Fuente: https://rionegro.gov.ar/articulo/48271/la-ranita-de-valcheta-una-especie-100-rionegrina-en-plena-recuperacion

 

Sapito de Somuncura (Atelognathus reverberii). La UICN ubica a este anfibio de la familia de los batraquílidos (Batrachylidae, una familia que se distribuye entre Chile y Argentina) en la categoría Vulnerable, con una tendencia demográfica decreciente, es decir que está un poco mejor que la ranita de Valcheta, pero hasta ahí nomás.[102]

Fue descripta por José Miguel Cei en 1969, junto con la ranita de Valcheta. Hasta donde conozco, no existe una medida específica para la conservación de este sapito (a diferencia de la ranita de Valcheta, que posee su propio proyecto de Ley), lo que no vendría mal, dado lo reducido de su área de distribución (es endémica de Río Negro y Chubut). Las principales amenazas que enfrenta esta especie son la desecación de las charcas en las que vive y el deterioro de su hábitat por el ganado.[103] Cabe mencionar que este bicho está restringido a unos 100 m de las orillas de lagos temporales distribuidos por toda la meseta.[104]

 

Sapito de Somuncura (Atelognathus reverberii). Fuente: https://sib.gob.ar/especies/atelognathus-reverberii

 

Rana del Challhuaco (Atelognathus nitoi). Para la UICN, la rana del Challhuaco, descripta en 1973 por el herpetólogo Avelino Barrio y perteneciente al mismo género que el sapito de Somuncura, es una especie Vulnerable, y su tendencia poblacional es estable.[105] Hasta el momento no existe una medida específica para la conservación de esta rana.

La rana del Challhuaco es endémica de un área de no más de 400 hectáreas, que comprende los arroyos tributarios del arroyo Challhuaco, a pocos kilómetros al sur de Bariloche, en cercanías del refugio Neumeyer. Se reproduce en la Laguna Verde —una pequeña laguna de 80 m de diámetro— que es donde se desarrollan sus renacuajos.[106] Actualmente, está prohibido bajar a esa laguna, lo que lamentablemente no siempre es cumplido.

 

Laguna Verde, donde se reproducen las ranas del Challhuaco (Atelognathus nitoi). Fuente: https://www.interpatagonia.com/bariloche/refugio-neumeyer-valle-chalhuaco.html

 

 

Rana del Challhuaco (Atelognathus nitoi). Foto Hernán Pastore. Fuente: https://sib.gob.ar/especies/atelognathus-nitoi#AHA-V

 

Plantas

Sauce criollo (Salix humboldtiana). Hay una declaración (N° 267/2020) De interés ambiental, social, histórico y cultural las acciones llevadas a cabo por la Municipalidad de Viedma para el rescate y conservación del sauce criollo, a partir de un proyecto presentado por el legislador Marcelo Szczygol (JSRN). En el proyecto de declaración, se refiere que, en agosto de 2020, el Consejo Deliberante de Viedma, mediante la Ordenanza Municipal Nº 8.483, declaró al sauce criollo «Árbol de Viedma».

Les viedmenses nos ganaron de mano a todes quienes vivimos en el valle, ya que este árbol es el único árbol nativo de nuestros valles irrigados y el único sauce nativo de América del Sur:[107] podría haber sido declarado árbol de cualquiera de las ciudades del valle. Bien por les viedmenses.

Nuestro sauce nativo no se lleva bien con otros sauces. No solo compite con ellos sino que además se cruza —o hibridiza—, lo que contribuye a su disminución por un fenómeno conocido como «dilución genética».[108] La construcción de las represas sobre los ríos Neuquén y Limay, ha contribuido a su retroceso.[109]

Actualmente, la UICN lo pone en su Lista Roja en la categoría Preocupación menor, con una tendencia demográfica estable.[110] Como comenté en una nota al final de esta publicación: preocupación menor no es despreocupación, ojo.

 

Sauce criollo (Salix humboldtiana). Fuente: 

 

Ciprés de la cordillera (Austrocedrus chilensis). Es una conífera endémica del sur de Chile y Argentina que alcanza los 25 metros de altura. Posee un gran valor ecosistémico, ya que es el árbol que más ingresa en la estepa junto con la araucaria (Araucaria araucana, En peligro de extinción, con una tendencia demográfica decreciente[111]), donde es un refugio para la fauna. Actualmente se encuentra afectado por el llamado «mal del ciprés», presente en nuestra provincia desde los años 40.[112] Esa enfermedad es causada por un pseudohongo que ataca las raíces de los árboles a los que termina matando.[113]

La UICN considera a esta especie Casi amenazada, con una tendencia demográfica creciente.[114][115] Obviamente, la tala ilegal es uno de los principales causantes de esa tendencia.[116]


Ciprés de la cordillera (Austrocedrus chilensis). Fuente: https://www.inaturalist.org/taxa/136243-Austrocedrus-chilensis

 

Ciprés de las guaitecas (Pilgerodendron uviferum). Se trata de la conífera más austral del mundo, alcanzando los 50°LS.[117], [118] En nuestro país, es la conífera de mayor rango de distribución geográfica, yendo desde el norte de la provincia de Neuquén hasta el extremo sur del Santa Cruz (a la altura del Parque Nacional Los Glaciares, a 50°LS).

Se los encuentra en sitios con escasa pendiente y mal drenaje (humedales).[119] Puede vivir hasta los 280 años.[120]

La UICN lo considera como especie Vulnerable, con una tendencia demográfica decreciente, aunque reconoce que hace falta una actualización.[121]

 

Ciprés de las guaitecas (Pilgerodendron uviferum). Fuente: https://botanicalarchive.com/products/pilgerodendron-uviferum?srsltid=AfmBOoquPD6dwhpkehXOdKnXKrqAr0WHlMEfYvJh_jVAkRl4Y7Vfw3Jh

 

En la provincia hay un área natural protegida especial para la conservación de estos cipreses, ANP Cipresal de las Guaitecas, ubicada en un humedal al pie del denominado Cordón Serrucho, en El Foyel, 30 km al norte de El Bolsón.

Esta ANP fue creada por Ley N° 4.047/2005 a partir de un proyecto, el N° 274/2005, de los legisladores Luis Di Giacomo, Beatriz Manso, Carlos Valeri,  Fabian Gatti, Marta Arriaga y Francisco Castro, del bloque Frente Grande-Encuentro para los Rionegrinos (EPRN), en ese entonces opositor. En la fundamentación del proyecto se hace expresa mención al ciprés de las guaitecas y a la necesidad de su preservación, dada la crítica situación en que se encuentran sus poblaciones, fuertemente disminuidas por el accionar del ser humano.

Todo bien con la creación de ANP (aunque ver mis dos publicaciones anteriores Cinco Preguntas y Áreas Naturales Protegidas Desprotegidas), pero en este caso la comunidad originaria que habita ese territorio, la Comunidad Mapuche Las Huaytekas, no fue consultada, y de hecho en su momento se opuso a la creación de la misma, al menos en términos en que fue planteada.[122] Además del hecho de no haber sido consultada, la comunidad sospechaba que algo turbio se cocinaba allí.

Sus sospechas no eran infundadas. En esa zona, Joe Lewis, legítimo dueño del Tottenham Hotspur e ilegítimo dueño del Lago Escondido, planeaba poner su aeropuerto privado, lo que motivó un pedido de informes de la legisladora Magdalena Odarda, el N° 427/2009, el cual requería además precisiones sobre explotaciones forestales y emprendimientos inmobiliarios varios.

En 2010, el gobernador Miguel Saiz (UCR), violando todas las normas ambientales e incluso los mismos objetivos que llevaron a la creación del Area Natural Protegida Cipresal de Las Guaitecas (recordemos, creada durante su mandato) autorizó al empresario José Luis Zilberberg el proyecto de Urbanización Turística «El Foyel Solares de la Comarca».[123] En 2008, Zilberberg le había comprado a la provincia 200 hectáreas ocupadas por familias de la Comunidad Las Huaytekas, a la mitad de su valor fiscal, ya de por sí bajo. Lo hizo luego de que la provincia lo reconociera ocupante legal, aun cuando el empresario no vivía en el territorio, ni siquiera en Río Negro (es de Caleta Olivia).[124] Este conflicto ya lleva 50 años, y al día de hoy las amenazas sobre el territorio no han desaparecido.

Obviamente, la comunidad mapuche es la parte más interesada en proteger el cipresal (si no la única), sobre todo de los manejos opacos del gobierno provincial, el mismo gobierno que, a veces, cínicamente, crea áreas naturales protegidas (generalmente sin preguntarles a los pobladores que allí viven) para luego, acto seguido, avanzar con el extractivismo en esos mismos territorios. Como cuando declaró Monumento Natural a la Ballena Franca y luego habilitó el almacenamiento y transporte de petróleo crudo en las costas y las aguas del golfo San Matías que habitan las ballenas. Como cuando creó el ANV Valle Cretácico y luego modificó sus límites, no por razones que tenían que ver con el mejor cumplimiento de sus objetivos de conservación, sino para blanquear el paso de los gasoductos desde Vaca Muerta y la instalación del parque eólico que le regalamos a Fortescue, con moño y todo.

 



[6] https://www.iucnredlist.org/es/species/21215142/100240441. La UICN posee una Lista Roja de especies amenazadas que establece las siguientes categorías, de menor a mayor grado de preocupación: (datos no evaluados, datos insuficientes) Preocupación menor, Casi amenazada, Vulnerable, En peligro de extinción, En peligro crítico de extinción, Extinta en estado silvestre, Extinta totalmente.

[8] Muzón, J., Spinelli, G. R., Pessacq, P., Von Ellenrieder, N., Estevez, A. L., Marino, P. I., Pérez Goodwyn, P. J., Angrisano, E. B., Díaz, F., Fernández, L. A., Mazzuconi, S., Rossi, G., y Salomón, O. D. 2005. Insectos acuáticos de la Meseta del Somuncura, Patagonia, Argentina. Inventario preliminar. Revista de la Sociedad Entomológica Argentina, 64(3): 47–67.

[10] La vicarianza geográfica ocurre cuando una población de animales o plantas queda dividida a causa de la interposición de una barrera geográfica (un océano, una cadena montañosa, un desierto, un algo), de manera que cada una de las subpoblaciones separadas evoluciona independientemente.

[11] Macchi, P.J. y Vigliano, P.H. 2014. Salmonid introduction in Patagonia: the ghost of past, present and future management. Ecología Austral 24: 162–172. https://ojs.ecologiaaustral.com.ar/index.php/Ecologia_Austral/article/view/19

[12] Jara, F.G. y Muzón, J. 2013. El mundo de las libélulas y su rol en los ecosistemas. Desde la Patagonia: Difundiendo Saberes 10 (16): 36–43.

[13] Domínguez, E. y Pescador, M.L. 1983. A new species of Penaphlebia (Ephemeroptera: eptophlebiidae) from Argentina. Entom. News 94 (1): 21–24.

[14] Ojanguren-Affilastro, A. A. 2007. Una nueva especie de escorpión endémica de la Meseta de Somuncura, en el norte de la Patagonia (Scorpiones, Bothriuridae). Zootaxa 1466: 47–56, DOI: 10.5281/zenodo.176570.

[15] Ojanguren-Affilastro, A.A. y García-Mauro, I. 2010. A new Bothriurus (Scorpiones, Bothriuridae) from the Somuncura Plateau, with additions to the knowledge to the endemic scorpion fauna of the area. Zootaxa 2488: 52–64.

[17] De Lucía, M. y Gutiérrez Gregoric, D.E. 2017. The genus Potamolithus Pilsbry, 1896 (Gastropoda: Tateidae) on the Somuncurá Plateau, Patagonia, Argentina. Molluscan Research, 37(3): 202–211. https://doi.org/10.1080/13235818.2017.1279476

[22] Cussac, V.E. 2023.  Peces de agua dulce de la Patagonia: conservación, pesca y acuicultura. Administración de Parques Nacionales. 46pp.

[24] Quiroga, S., Povedano, H., Solimano, P., Velasco, M., Martorelli, S., Montes, M., Barneche, J., Catrin, L., Cartes, V., Maggioni, M., Soricetti, M., y Kacoliris, F. 2023. Mass mortality of the Critically Endangered naked characin (Gymnocharacinus bergii): Possible causes and impact. Aquatic Conservation Marine and Freshwater Ecosystems 33: 1–10. 10.1002/aqc.4007.

[30] Lin, Q., Fan, S., Zhang, Y. et al. 2016. The seahorse genome and the evolution of its specialized morphology. Nature 540: 395–399. https://doi.org/10.1038/nature20595

[33] Con relación a esto de la pesca con devolución hago la siguiente pregunta: ¿hay estudios científicos que aborden los efectos sobre la sobrevida y/o reproducción de los ejemplares pescados y luego devueltos, aun por pescadores competentes? Porque la devolución no serviría de nada si el pez pescado y devuelto, herido, agotado, y estresado, no puede vivir una vida normal o reproducirse como lo haría en caso de no haber sido pescado nunca.

[35] En realidad, las especies categorizadas como de «Preocupación Menor», como la ballena austral, deben preocuparnos: poco, pero deben. En 2019, la Subsecretaría de Ambiente de la Nación definió así a esta categoría: «Un taxón se considera de Preocupación Menor cuando, habiendo sido evaluado, no cumple ninguno de los criterios que definen las categoría de En peligro crítico, En peligro, Vulnerable o Casi amenazada. Se incluyen en esta categoría taxones abundantes y de amplia distribución. En definitiva, debe encontrarse próximo a cumplir las condiciones necesarias para ser clasificado en la categoría Vulnerable. Por ejemplo, las estimaciones del tamaño poblacional o del hábitat deben aproximarse a los umbrales de la categoría Vulnerable, sobre todo si el grado de incertidumbre es elevado; o bien se deben cumplir algunos de los subcriterios». (Las negritas son mías.)

[40] Viglino, M., Buono, M., Cuitiño, J., Gutstein, C. y Cozzuol, M. 2018. Aportes a la historia evolutiva de los Platanistoidea del Mioceno Temprano de Patagonia (Formación Gaiman): Aondelphis talen. Reunión de Comunicaciones de la Asociación Paleontológica Argentina, Puerto Madryn, Chubut, Argentina. https://www.researchgate.net/publication/329450214_APORTES_A_LA_HISTORIA_EVOLUTIVA_DE_LOS_PLATANISTOIDEA_DEL_MIOCENO_TEMPRANO_DE_PATAGONIA_FORMACION_GAIMAN_AONDELPHIS_TALEN

[51] Smith-Flueck, J.A. 2003. La ecología del huemul (Hippocamelus bisulcus) en la Patagonia Andina de Argentina y consideraciones sobre su conservación. Tesis doctoral inédita. Universidad Nacional del Comahue, Bariloche, Argentina. Resumen disponible en: https://www.produccion-animal.com.ar/produccion_ciervos/49-huemul.pdf; https://www.rionegro.com.ar/ciencia/quedan-menos-de-500-huemules-en-argentina-pero-hay-una-esperanza-2525049/

[91] Abdala, C. S. y Quinteros, A. S. 2014. Los últimos 30 años de estudios de la familia de lagartijas más diversa de Argentina: Actualización taxonómica y sistemática de Liolaemidae. Cuadernos de Herpetología 28(2): 55–82.

[98] Van Rooij, P., Martel, A., Haesebrouck, F., Pasmans, F. 2015. Amphibian chytridiomycosis: a review with focus on fungus-host interactions. Veterinary Research 25 (46): 137. doi: 10.1186/s13567-015-0266-0. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4660679/

[103] Velazco, M.A., Kass, N. A., Kass, C. A., Akmentins, M. S., Arellano, M. L. y Kacoliris, F. P. 2018. Acciones de manejo para la conservación de la Ranita de Somuncurá. Resúmenes del XIX Congreso Argentino De Herpetología, La Plata; Argentina, pp 48–49. https://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/135225

[108] Orellana, I. A.; Vincon, S. G., Williams, A.,  y  Acuna, L. 2022. Situación de las poblaciones de Salix humboldtiana en el río Chubut, Argentina. Bosque (Valdivia) 43 (3): 253–266.

[109] Bozzi, J. A., Marchelli, P. y Gallo, L. 2014. Sauce criollo: una especie nativa amenazada en Patagonia. Presencia 62: 29–33.

[118] Rovere, A. E., Premoli, A. C. y Newton, A. C. 2002. Estado de preservación del ciprés de las Guaitecas (Pilgerodendron uviferum (Don) Florin) en Argentina. BOSQUE 23 (1):11–19.

[119] Rovere et al., 2002.

[122] Cañuqueo, L., Kropff, L., Pérez, P., y Wallace, J. 2019. La tierra de los otros. Viedma: Editorial UNRN. https://doi.org/10.4000/books.eunrn.4028 ; https://www.rionegro.com.ar/mapuches-rechazan-area-protegida-en-la-cordillera-KFHRN06012719271006/

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